Los muertos en el accidente de trenes en Córdoba merecen ser humanizados. A esta hora desconocemos quiénes y cuántos son porque la complejidad del suceso impide la identificación de cadáveres, algunos entre amasijos de hierro y tierra.

Los primeros en reaccionar – además de los servicios de emergencia- han sido los vecinos de los pueblos más cercanos que buscaron en la noche el eco de los lamentos de los heridos, porque en la naturaleza de la buena gente está el instinto de salvar al desconocido que sufre.

Algunos de los testimonios que hemos escuchado hablan de humanidad entre las víctimas, pero ese momento solidario se rompió cuando los responsables políticos que debían dar respuesta o al menos exhibir un mínimo de solidaridad jugaron al despiste, sobre las causas de la tragedia.

A estas horas unos lloran por sus muertos o “no identificados” y otros ponen rostro de afligidos mientras buscan una coartada que les libere de responsabilidad por el deficiente estado de las infraestructuras del transporte ferroviario.

Es muy pronto para conocer las causas, pero no es tarde para demostrar suficiente humanidad con las víctimas y sus familiares.

Los políticos además de dar el pésame deben someterse a las preguntas de familiares y ciudadanos , y me parece intolerable que el Presidente del gobierno, una vez más, se negara a dar la cara y a responder durante el tiempo que fuese necesario a las inquietudes o cuestiones incómodas que les planteasen periodistas o familiares de las víctimas.

Pedro Sánchez ya demostró en Paiporta que huye cuando está en apuros y no da la cara cuando la población civil grita o llora de rabia.

Un líder no es el que calla sino el que coge el toro por los cuernos, se solidariza con el dolor de las víctimas y asume que en el sueldo del político va incluido demostrar solidaridad.

Diego Armario

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 20/01/2026

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