Hoy Pedro Sánchez es el jefe de una secta, un político a la fuga rodeado de escoltas, ausente de la realidad, preñado de odio y huido de las situaciones en las que los ciudadanos puedan decirle lo que piensan de él.
Los delegados al Congreso de “La PSOE” han celebrado este fin de semana una defunción y hasta los periodistas del régimen que asistían a este congreso no podían disimular su rictus de pésame.
Chaves y Griñán, condenados por los ERES de Andalucía cuyas penas fueron anuladas por simpatía política del tribunal de apelación, han sido utilizados por su propio partido – cada día más corrupto– hasta convertir sus maltrechas figuras en un patético gesto de tristeza porque, en el fondo de sus conciencias, saben que estaban representando los últimos estertores de “La Psoe”
Militantes avergonzados por el paripé de un Congreso de asentimiento sin posibilidad de réplica y menos aún de presentación de enmiendas, como le ha sucedido a un pequeño grupo de militantes de Izquierda Socialista, han descubierto que ya no está vigente ni siquiera el reglamento de la Organización y se enfrentan a la obviedad de que su partido ha dejado de existir.
La sociedad anónima que preside Pedro Sánchez no contempla el cumplimiento de las reglas constitucionales. En el tiempo que el autócrata lleva gobernando no ha dejado norma sin transgredir, tradición sin traicionar, ni artículo de la Carta Magna sin prostituir. Vive en una realidad paralela, miente con ansia y el rastro de olor a podrido le acompaña.
Pedro Sánchez es el prototipo del estafador político más osado de los últimos tiempos en Europa, y nadie como él ha naturalizado el engaño. Es el estafador perfecto.
Hoy los ciudadanos menos libres de España son los fieles seguidores y militantes del partido sanchita. Cualquier otro puede decir que Feijóo es un inútil, que Abascal un fascista, que Bildu huele a pólvora y sangre seca, que Puigfdemont es un corrupto estafador, que Rufián un macarra con complejo de hortera, pero … ¡ay de quien le lleve la contraria al marido de Begoña. Ser un cargo público de La Psoe es un trabajo de riesgo, pero ,para los amantes de la vaselina ,“sarna con gusto, no pica”.
Diego Armario