España es ese lugar maravilloso donde cada semana estrenamos escándalo como quien estrena capítulo de serie… pero sin guionistas, porque la realidad se escribe sola.
El DAO que cayó del pedestal.
El número dos de la Policía Nacional, mano derecha del ministro Fernando Grande-Marlaska, dimite acusado de violación a una subordinada.
Un cargo de máxima responsabilidad. Un hombre encargado, en teoría, de velar por el orden, la ley y la protección de los ciudadanos. Y resulta que la casa tenía goteras éticas.
Aquí no hay metáforas que valgan. Cuando el guardián del sistema aparece señalado por algo así, la pregunta no es solo judicial, es institucional:
¿Nadie sabía nada?
¿Nadie veía nada?
¿O aquí el protocolo es mirar al techo hasta que escampe?
Porque en este país la ceguera institucional ya no necesita lazarillo. Se maneja sola.
La cárcel de tela… que no es cárcel.
Mientras tanto, se rechaza la propuesta de prohibir el burka y el niqab en espacios públicos. El argumento que esgrimen es que la iniciativa es “religiosa” y promovida por la ultraderecha.
Y aquí empieza el teatro semántico.
Si el burka y el niqab son una expresión religiosa libremente elegida, perfecto.
Pero si en muchos contextos son una imposición cultural y patriarcal, ¿qué estamos defendiendo exactamente?
¿La libertad de la mujer… o la libertad del hombre que decide por ella?
España se declara un Estado laico. Laico significa neutralidad, no sumisión cultural selectiva.
Resulta curioso que la izquierda, tan combativa contra cualquier atisbo de machismo autóctono, se vuelva de repente antropológicamente comprensiva cuando el machismo viene importado y envuelto en tela.
No se trata de religión.
Se trata de coherencia.
Y la coherencia, últimamente, cotiza peor que el sentido común.
Primarias mágicas.
Por si fuera poco, la UCO apunta a que las primarias del PSOE donde salió elegido su secretario general pudieron estar amañadas.
Primarias. Democracia interna. Transparencia.
Palabras hermosas… hasta que alguien levanta la alfombra.
El partido que da lecciones de regeneración democrática podría haber empezado su etapa reciente con un truco de cartas bajo la manga. Y entonces todo encaja, no era liderazgo carismático… era ilusionismo político.
Y aquí viene la frase de Manu Quesada:
“Muchas veces enfocamos la vida como un espectáculo de magia, intentando descubrir el truco, y olvidando lo más importante… disfrutar de ella.”
El problema es que cuando el truco afecta a la policía, a la igualdad, a la democracia interna y a la credibilidad institucional, ya no estamos viendo magia. Estamos viendo prestidigitación con nuestras instituciones.
Y claro, disfrutar se complica cuando el mago usa tu cartera para el número final.
Suma y sigue
Un escándalo detrás de otro.
Una dimisión.
Una incoherencia ideológica.
Una sospecha de amaño.
Y el gobierno sigue. Y suma. Y continúa.
España parece un país donde la gravedad política no existe. Todo flota. Todo resbala. Todo pasa.
Hasta que un día no pase.
Y entonces descubriremos que el verdadero truco no era el que hacían ellos…
Era el que nos hacíamos nosotros para no mirar.
Salva Cerezo

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 19/02/2026

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