El sufrimiento que los venezolanos han padecido durante decenios con Hugo Chaves y Nicolás Maduro no han llegado todavía a su fin. Los hombres y mujeres que permanecen en el país caribeño no están seguros ni tienen razones para creer que han recuperado la libertad.
En las cárceles de Caracas permanecen detenidos presos politicos de la dictadura y quienes gobiernan el país siguen siendo los esbirros de Maduro, Delci Rodriguez y Diosdado Cabello. Los exiliados quieren regresar pero aun no se atreven porque a Venezuela no ha llegado un salvador sino un negociante sin principios llamado Donald Trump.
El Presidente de los Estados Unidos cree en el poder, no en la democracia y ha detenido a Nicolás Maduro para hacer para hacer negocio, no para hacer justicia.
Los ciudadanos en el exilio y los que permanecen en Venezuela no tienen razones para festejar el cambio político añorado porque la prioridad de Donald Trump no ha sido la implantación de la justicia ni la reparación de los daños de las víctimas de la dictadura, sino su propio negocio.
Trump es un Putin peor educado que el ruso y carece de filtros y de referencias respetables cuando habla
La estética forma parte de la ética y su imagen proyecta zafiedad, ausencia de convicciones y falta de respeto a la ley cuando se le antoja despreciarla.
Trump no ha pensado en ningún momento en el sufrimiento de los venezolanos y su intervención parcial en Venezuela la ha ejecutado solo para hacer negocio con un petróleo, que no es suyo y no siente la menor compasión por unos ciudadanos que merecen la libertad.
El gendarme de la libertad del mundo libre ya no es Estados Unidos.
Diego Armario