Qué alivio! Por fin el BOE vuelve a ser lo que nunca debió dejar de ser, un catálogo de normas que sirven para blindar la tranquilidad de Sus Señorías, no vaya a ser que un periodista con ganas de preguntar les amargue la digestión.
¿Libertad de información? Sí, claro, pero en versión “light”: preguntas sí, pero sin molestar; fotos sí, pero con filtro; investigaciones, sólo si el propio investigado da permiso… ¿Qué podría salir mal?
Y mientras el Congreso se convierte en un spa para diputados, nuestro presidente, siempre tan sacrificado, decide que este año la desconexión empieza antes. Cuatro días antes. Porque todo héroe necesita su descanso y La Mareta en Lanzarote no se va a disfrutar sola.
Eso sí, no viaja solo, Marlaska, Illa y una orquesta sinfónica de 40 guardias civiles y guardaespaldas para velar por la seguridad de 23 días de “reflexión” bajo el sol.
Un cordón de seguridad de 400 metros para garantizar que ningún ciudadano interrumpa el sagrado ritual de la siesta presidencial. ¡Que no se diga que la democracia no protege a los suyos!
Mientras tanto, los 100.000 pisos sociales prometidos siguen en paradero desconocido, probablemente escondidos en algún lugar entre el unicornio azul de Silvio Rodríguez y la paga prometida a los autónomos. Las familias que no pueden veranear, eso sí, podrán consolarse sabiendo que sus impuestos están trabajando duro para que los autócratas patrios tengan playa privada y Falcon “todo incluido”.
Eso sí, todo esto se hace “en nombre del progreso”.
Y si no te gusta, tranquilo, el BOE ya se encargará de que nadie te lo tenga que contar.
Salva Cerezo