Sánchez apura sus últimas horas en La Mareta consciente de que el regreso será duro. Le espera un curso político con todas los flecos con los que acabó el pasado. ¿El principal? Los presupuestos. Seguir huyendo hacia adelante ya no es una opción. Su obligación es presentar cuentas y retratar su apoyo parlamentario a la ley más importante que decide en qué se gasta el dinero de todos y a quien paga la factura.
Es muy probable que no logre dicho acuerdo porque requiere del consenso de todos. Necesita que los díscolos de Podemos regresen al redil de la gobernabilidad y abandonen la tentación de marcar distancia para maximizar su espacio electoral. Casi imposible.
Exige también que Ábalos vuelva a confiar en que el PSOE trabajará en su defensa y no en utilizarlo como chivo expiatorio. Muy difícil también. También hace falta que Puigdemont se dé por satisfecho un cuasi imposible metafísico. Y por supuesto, que ese día no falte nadie de Bildu ni de ERC ni del mismo PSOE. Todo un reto.
Pero al menos debe intentarlo como ha prometido. Si no lo hace, el PP ya advierte que le llevará a los tribunales, que ya se sabe, los carga el ‘diablo’.
Pero es que además, los presupuestos no es la única asignatura pendiente. Tiene el compromiso del recorte de la jornada laboral con Sumar y la financiación singular catalana con Junts. Demasiados círculos cuadrados.
Por eso su popularidad está en caída libre. Y su intención electoral no para de descremarse.
La pésima gestión de los incendios no es sino la puntilla. Lo llamativo es que no es el PP de Feijóo quien recoge el descontento social sino el Vox de Abascal quien desde la distancia denuncia el fracaso del bipartidismo con notable éxito electoral.
Luis Lolsada Pescador (Actuall.com)