Son muchos los que en las últimas semanas se frotan las manos anticipando el final del “sanchismo”, olvidando que dicho final no tiene por qué implicar cambio alguno. Y no vamos a insistir en lo que ya han dicho otros sobre la improbable dimisión del capo di tutti capi, a tenor de lo que significaría la pérdida automática de sus privilegios como aforado.

Pero, incluso asumiendo que acuciado por los casos de corrupción conocidos y por conocer, Sánchez se viera avocado a convocar elecciones anticipadas, que éstas fueran limpias –cosa improbable, conocidos los antecedentes–, y que finalmente y a la fuerza tuviese que dejar el poder, lo que es seguro es que ni sus corifeos mediáticos ni sus fieles votantes van a dejar de justificar las mentiras y los delitos del Partido y de su líder. Haga lo que haga.

Y quien no quiera creerlo, que se haga la pregunta: ¿Cuánta corrupción hace falta para que un votante socialista deje de votar al PSOE?

Exactamente igual que ningún forofo del Barcelona va a dejar de serlo porque cuatro presidentes del club (Gaspart, Rosell, Bartomeu y Laporta) pagasen 8,4 millones de euros al vicepresidente de los árbitros para adulterar la competición2.

Y los unos se dirán “demócratas” y los otros “antifranquistas”, aunque la realidad sea otra. ¡Y no se le ocurra a nadie apelar al espíritu deportivo! ¿Espíritu deportivo? ¿Qué es eso? Pues lo mismo que lo de la “tolerancia cero con la corrupción”, “cien años de honradez” o “los españoles merecen un Gobierno que no les mienta”.

Dicen Sánchez y sus palmeros que el suyo es un “Gobierno de progreso”. Y por ser un “Gobierno de progreso”, sus socios y aliados son golpistas condenados, filoetarras, las narcodictaduras del Grupo de Puebla, feministas, animalistas, fanáticos del cambio climático, abortistas, degenerados, porreros, ocupas y negacionistas del jamón. Porque, como afirmó recientemente la periodista del Partido Marta Nebot, “la izquierda tiene estándares morales superiores”.

Miseria moral del incondicional votante socialista

Para los fieles, la destrucción de la división de poderes, la colonización de las instituciones, la discriminación de los hispanohablantes en un tercio de España, el adoctrinamiento en las aulas y una ley electoral que avala la desigualdad entre españoles es “progreso”.

El retorcimiento de las leyes para favorecer a los suyos y aferrarse al poder es “progreso”. La amenaza a los jueces que investigan “lo que no deben”, el hostigamiento a los periodistas que no son de la cuerda y la asociación con delincuentes condenados es “progreso”.

El robo masivo y sistemático, la malversación de fondos públicos, el incremento salvaje de la deuda o el saqueo de la clase media a través de los impuestos para sostener una inmensa red clientelar es “progreso”. Y, naturalmente, la persecución de todos cuantos osen criticar al Gobierno o no usen el lenguaje políticamente “correcto” también es “progreso”.

Por todo lo expuesto, la cuestión principal no es que el PSOE sea una organización criminal desde su mismo origen –algo que sabe cualquiera que tenga un mínimo interés por la Historia–, sino que sus simpatizantes justifiquen cualquier delito si lo cometen los suyos.

Lo verdaderamente grave es que el Partido haya colonizado la escuela y los medios de comunicación generando un marco mental que impide pensar y alimenta una visión simplista, maniquea y falsa de las cosas; que enseña las ventajas de victimizarse, desincentiva el esfuerzo e inocula resentimiento y odio hacia el que se sale del carril marcado.

Así, el envilecimiento de una parte significativa de la sociedad se manifiesta en un modus operandi compartido ante las fechorías del Partido: Primero niegan la existencia misma del delito: son “bulos de la extrema derecha”; si no queda más remedio que admitirlo, lo minimizan; luego el “y tú más”; si los indicios son sólidos, es que “no hay pruebas”; cuando las hay, fingen sorpresa, consternación y se hacen las víctimas por la “traición” al Partido; después se saca el ventilador a pasear para difuminar las responsabilidades: “España tiene un problema con la corrupción”… y se procede a “controlar los daños” intentando acotar la onda expansiva: que si en cualquier organización “hay manzanas podridas”, que “quién podía imaginar algo así”, que si “sólo son tres”, que si “el Partido ha actuado en cuanto ha tenido noticia”, o, mejor aún, que “si son delicuentes no son socialistas”.

Mientras dure el juicio, el Partido, sus socios y medios afines acusarán a los jueces de “lawfare” y, finalmente, si el veredicto es de condena, se olvidarán selectiva e inmediatamente los delitos cometidos.

Ningún socialista se acordará de la gestión criminal de la pandemia del COVID-19; de la inacción del Gobierno en la riada de Valencia en 2024; del desmantelamiento de la unidad especialista en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado OCON Sur; ni de las sucias maniobras para acabar con la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil y la Policía Judicial que investigaba la corrupción del Partido.

Por supuesto, a los cómplices del Partido les parece estupendo que se cierre en falso el juicio del mayor atentado de la historia de España, que no se investiguen los 379 asesinatos de ETA todavía sin resolver y que los terroristas salgan en libertad sin cumplir sus penas. Y les encanta estigmatizar como lunáticos y “conspiracionistas” a quienes afirman que el asesinato planificado de 192 españoles el 11 de marzo de 2004 fue fruto de una conspiración y que debería investigarse la destrucción, manipulación y ocultación de pruebas.

Ahora bien, cuando la realidad da la espalda a los progres –cosa habitual–, antes de razonar prefieren el atajo, la consigna, y son muy dados a abrazar teorías de la conspiración. Y pondré dos ejemplos cercanos. Esta misma semana, escuchaba en el tren a un profesor de Filosofía de un instituto de Madrid corregir vehementemente a un alumno magrebí que le decía que no quería ir a Barcelona porque le habían dicho que allí había mucha inseguridad: –“Eso es lo que los medios os meten en la cabeza […] Eso son exageraciones […] Tú no te das cuenta, pero todo está orientado a perseguir y echar a los inmigrantes”.

Es decir, que la regularización express de medio millón de inmigrantes y las ayudas preferentes (con dinero público) que en los últimos veinte años se les vienen concediendo para la adquisición o alquiler de vivienda, plazas de guardería, Educación y Sanidad… era para que se confiaran. Una trampa saducea para disimular el verdadero propósito del “Sistema” –por supuesto racista, fascista, homófobo y machista–… que no era otro que ¡echarlos a todos!

Un planteamiento no ya endeble sino ridículo que sólo se explica por el hábito de acomodar la realidad a la ideología, pero que observamos con demasiada frecuencia en presuntos adultos. Por poner otro ejemplo próximo protagonizado por la mujer de un viejo amigo, fanática del cambio climático, ahora resulta que “hay un complot para sabotear las medidas contra el cambio climático” y que el propio “Panel Internacional para el Cambio Climático es en realidad un saboteador encubierto”.

O sea que el calentamiento global antropogénico no puede discutirse porque lo afirman los “científicos” del IPCC… pero como las previsiones apocalípticas no se cumplen y la farsa cada vez cuela menos, resulta que las instituciones que llevan décadas viviendo del cuento y enriqueciéndose asustando al personal y saqueándolo a impuestos, ¡son saboteadores! Algo que recuerda muchísimo a aquella práctica de Stalin para mantener acogotado al personal buscando saboteadores fascistas que obstaculizaban el triunfo de la revolución…

Dicho lo cual, ¿a qué tanto optimismo porque se vaya Sánchez? ¡Si quienes dicen liderar el cambio nunca han cambiado nada! ¿O alguien piensa que el PP va a poner coto al adoctrinamiento en las aulas cuando no lo ha hecho en Madrid en cuarenta años disfrutando de mayoría absoluta? ¿O que modificará una ley electoral que le beneficia?

¿Acaso alguien se plantea en serio que quienes todavía hoy siguen defendiendo un Estado autonómico disolvente e irresponsable en el gasto, reducirán la deuda nacional y harán cumplir la ley en toda España? ¿De verdad queda una solo ciudadano que confíe en que el PP derogará la LOMLOE o la Ley de Mentira Histórica? ¿Que quitará las ayudas públicas a los medios de comunicación y dejará de financiar iniciativas ridículas y asociaciones inútiles? ¿Que cerrará el grifo a ONG’s, agrupaciones, sindicatos, foros, sociedades y un sinfín de chiringuitos políticos sostenidos con nuestros impuestos? ¿O que destituirá a los incrustados por el Partido en las instituciones y empresas públicas?

Filípides (ÑTV España)

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 26/06/2025

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