Esta es la propuesta que Feijóo ha hecho públicamente para revertir las “barrabasadas”– según palabras de Felipe González, dedicadas a su conmilitón Sánchez, -del okupa de la Moncloa, en el supuesto de ganar las futuras elecciones generales que le llevarían a la presidencia del gobierno de España.
No todo es tan sencillo. Las palabras, las promesas electorales serán creíbles cuando los electores tengan la convicción de que no se pronuncian envueltas en demagogia y en un espurio afán de alcanzar el poder.
Los errores del Partido Popular en la democracia han sido múltiples y algunos imperdonables; se han mostrado incapaces de analizar correctamente el proceso involutivo de las últimas décadas, unas veces por falta de coraje y determinación, otras por negar lo que el pueblo español refrendó en Diciembre de 1976, al votar con un 97,6% el Proyecto de Ley para la Reforma política, impulsado por Torcuato Fernández Miranda.
El objeto de la Reforma era salvar la legitimidad histórica y de origen del franquismo, transitando a la democracia de la Ley a la Ley y a la Constitución; los españoles desestimaron la ruptura, que pretendía enlazar la futura democracia con la supuesta legitimidad del Frente Popular, confundiéndola aviesamente con la II República.
España necesita líderes con convicciones democráticas sólidas e inamovibles, un ardor resolutivo y firme voluntad para trasladar a la ciudadanía la realidad que existe y la que se pretende alcanzar; la evolución política del PP, no se ha caracterizado por estos postulados, sino por manifestar con medrosidad lacerante, una carga de complejos históricos, de miedos permanentes y de temores inconfesables, que han confundido a su votantes y simpatizantes, y que se ha sustanciado en la ruptura de la unidad de las fuerzas conservadoras y constitucionalistas.
Por otra parte, han demostrado una torpeza sideral a la hora de calificar y definir los perfiles de los enemigos de España, y por tanto, de tomar las decisiones oportunas para neutralizarlos o eliminarlos.
Han demostrado una impericia política censurable para explicar que la Monarquía y la continuidad histórica de la Nación descansa en la Corona.
Otra gran equivocación de los dirigentes de la derecha se pone de manifiesto en el momento en que han demostrado miedo, dejadez o desinterés para enfrentarse a los mantras del pensamiento políticamente correcto y a la presión, no siempre pacífica, de los dirigentes sanchistas, de sus medios y entidades afines o subvencionadas.
Si a todo lo referido, le añadimos la negativa a plantear la batalla de las ideas y la cesión arbitraria de la superioridad moral de la izquierda, nos damos de bruces con la realidad de los deméritos de la derecha desde finales de la Transición.
En este momento, cuando el socialismo sanchista ha enseñado su secular “patita”, cuando se ha quitado la máscara y sus objetivos han quedado al descubierto, es cuando los partidos constitucionalistas tratan de revertir el siniestro y traidor proceso de destrucción de la democracia y del Estado de Derecho.
Por si aún no lo tienen claro, presten atención a esta descripción: el promotor del proceso de aniquilación del orden constitucional, si obviamos al “execrable” Zapatero, que Dios lo confunda, es ese trozo de carne de 3ª, despreciable para cualquier paladar, ese gomoso amoral, un sujeto, que es todo mentira, la reencarnación del mal en la política.
El que ha sometido a la Constitución, junto con sus secuaces, a una violación grupal; el Frente Popular aprovechando la debilidad de la democracia se ha juramentado contra ella, después de varios intentos de abuso y agresión, al final ha conseguido penetrarla, poner una pica en Flandes; de tal proeza, con tal motivo, la semilla del mal ha prosperado en las entrañas de la agotada y desfallecida Carta Magna.
A pesar de que el diagnóstico nos recomienda someterla a cuidados paliativos, se presume que la gestación no puede durar mucho tiempo y el feliz alumbramiento será efectivo antes del deseado óbito.
La quimera monstruosa (la nueva constitución) que dictará las normas generales de convivencia, orden y progreso de lo que antaño llamábamos España, tendrá lazos de sangre y familiares en primer grado con su media hermana, la de Venezuela, o con algunas de sus primas hermanas, las dictaduras comunistas del siglo XXI del orbe entero.
¿Tan difícil es haberse percatado a tiempo, pues las traiciones, las ofensas y las mentiras se han producido a diario, sin interrupción?
La “mutación constitucional” ha tomado forma. A partir de ahora, lo que se apruebe en el Congreso, y contando con la complicidad y estrecha colaboración de aquel que tiene la toga manchada no con el polvo del camino, sino teñida con las deposiciones sanchistas y las suyas propias, será avalado por el Tribunal Constitucional dando, en definitiva, vía libre y apariencia de constitucionalidad al golpe de estado.
Esperemos con paciencia el resultado de las próximas elecciones; primero, derogar las leyes que vayan contra la Constitución, las que van contra el espíritu de la Transición, las guerracivilistas y cualquier otra que tenga su origen en la mala fe del sanchismo, o se asiente sobre el estercolero del gobierno derrotado.
Es imprescindible, urgente, ofrecer una alternativa al modelo de España del nuevo Frente Popular, de no luchar por ello, sin duda nos lo impondrán de un modo u otro.
Para que la alternativa sea efectiva, es necesario proponer una reforma constitucional, ya que la actual no fue diseñada para protegerse de traidores como Sánchez, de supremacistas inveterados, de comunistas incorregibles, de terroristas ocupando escaños en el Congreso o de Condes-Pumpidos favoreciendo el vaciado de la Constitución, para abrirle las puertas a una que sostenga el nuevo edificio constitucional de una Confederación Plurinacional Asimétrica.
La Reforma debe contribuir a eliminar cualquier atisbo de interpretación ambigua de la norma; ambigüedad que pudiera proporcionar al separatismo un camino para descomponer a plazos el Estado en sus diversas Comunidades Autónomas, o una vía al socialismo y sus secuaces para normalizar lo que claramente es inconstitucional.
Estas reformas y otras que se consideren necesarias para la estabilización y normalización de la política en España, constituirán la columna vertebral que sostenga y de vigencia a la renovada Constitución del 78 durante muchas décadas.
El problema estriba en la férrea voluntad de las fuerzas conservadoras, de los partidos de derechas para alcanzar un acuerdo sólido y estable, por el cual se comprometan a rectificar sus errores y a dar la batalla permanente contra los enemigos de la Nación.
Así que, Feijóo, si te sientes con fuerzas y coraje necesarios para llevar a fin esta empresa, tendrás que demostrarlo; personalmente, tengo dudas al respecto y ciertas reservas en relación con la posibilidad de que elijas con acierto a tu personal subordinado.
Antonio Caballero del Mazo (ÑTV España)