La democracia como sistema político de libertades, derechos y obligaciones que garantiza una convivencia social y un control que impida los excesos del poder conforme a los principios de la constitución vigente, no existe hoy en España.
Con la complicidad o el silencio de otras fuerzas políticas que están en la oposición se legislan prohibiciones, se condenan libertades, se roban derechos de los ciudadanos, se toleran excesos del gobierno, se oculta información, se miente con pasión y se abusa sin vergüenza.
La casta de ciudadanos que forman el poder legislativo es un fraude democrático como consecuencia de la perversión del propio sistema que ha convertido en un grupo de intereses a los candidatos de cada partido político que son sancionados si votan en contra de la consigna que, en cada caso, le dicten sus jefes políticos.
Obedecen por interés económico, no por ideología en la que se escudan para alimentar el odio contra el rival, aunque comparten con la oposición una forma de vida, pagada por nuestros impuestos.
La política es un negocio para ellos. No importa que mientan en sus currículos, ni que se excedan en los gastos pagados sin justificar. A nadie le sorprende que lleven muchos años en el Parlamento porque fuera de ese escaño no son nada… y mientras tanto rebajan nuestros derechos y libertades.
Hace años tuvimos ministros sin estudios, pero con experiencia y buen criterio. Hoy tenemos un gañán tuitero que viaja en coche oficial, insulta por doquier y se refocila en sus miserias, porque, en el gobierno que nos va robando libertades, vale todo.
Los ciudadanos hemos naturalizado que nos gobiernen y nos roben no solo la pasta sino también nuestros derechos porque, estos dictadorzuelos del sistema propugnan que se persiga al disidente y defienden a liberticidas como el desaseado Pablo Iglesias y sus compinches que propugnan la violencia bilduetarra.
Necesitamos recuperar libertades y hacer que nuestros gobernantes estén al servicio de los ciudadanos que les mantenemos a cuerpo de golfos.
Diego Armario