Nunca la política en España ha sido tan previsible como en esta etapa de despropósitos.
Los ex Presidentes del gobierno son objeto de la crítica pública , pero están protegidos por la prudencia con la que deben actuar y ninguno hasta ahora había sido investigado por un supuesto delito de corrupción económica que les implicara a ellos o a su familia.
José Luis Rodríguez Zapatero estaba en ese grupo hasta que cometió el error de seguir en política activa vinculado al gobierno de Pedro Sánchez y colaborando con una dictadura generosa con sus cómplices.
Me resulta difícil comprender cómo un hombre inteligente y con experiencia del funcionamiento de los organismos de autodefensa del Estado ha pensado que no iban descubrir sus supuestos delitos.
El exceso de confianza en la impunidad ha abierto más de una vez las puertas de la cárcel y. aunque en España tenemos una larga tradición de amnistiar a políticos condenados o de retrasar sine die su ingreso en prisión, la pena de la pérdida de prestigio no hay quien se la perdone.
El desprestigio de la clase política no es eventual sino sistémico y la desconfianza que nos inspiran ha calado en la mente de los ciudadanos, al menos de los que no padecen la enfermedad de las ideologías que defienden los fanáticos incurables.
Hoy España es un campo de batalla en la que se pelea con los ojos vendados la gente que grita “ es un pedazo de mierda… pero es la mía”.
Diego Armario