Hubo un tiempo en que «bajar al moro» era una expresión casi folclórica. En los años ochenta algunos cruzaban el Estrecho con mochila, melena y discurso revolucionario para regresar con algo más que recuerdos turísticos.
Eran otros tiempos; lo importante era volver con una historia que contar… o con un aroma sospechosamente dulce en la ropa.
Hoy la historia parece haber dado la vuelta como un calcetín. Ya no hace falta bajar, ahora basta con esperar. La frontera se convierte en una puerta giratoria y la improvisación política hace el resto. Mientras miles de personas ponen a prueba la capacidad de control de un Estado, nuestros gobernantes parecen debatir si el problema existe o si es un simple efecto óptico.
La imagen de Ceuta ha sido un ensayo general de cómo una frontera puede verse desbordada en cuestión de minutos cuando falla la previsión. No es una cuestión de solidaridad, sino de organización. Un país puede ser generoso, pero no puede permitirse el lujo de confundir hospitalidad con ausencia de control.
Y mientras tanto, desde Italia ya se oyen voces planteando restringir el espacio Schengen respecto a España. Cuando los vecinos empiezan a cerrar las ventanas porque ven humo salir de tu casa, quizá sea el momento de comprobar si realmente hay un incendio.
Lo curioso es que algunos siguen vendiendo esta situación como un éxito de la convivencia. Debe de ser la única invasión de la historia en la que el centinela no da la alarma porque teme que le llamen intolerante.
A veces da la impresión de que, si un viajero medieval despertara en nuestros días, reconocería más cosas de las que imaginamos: fronteras disputadas, presión sobre los territorios y gobernantes incapaces de ponerse de acuerdo mientras el problema llama a la puerta… o directamente entra sin llamar.
Decía Gandhi que «lo más atroz de las cosas malas perpetuadas por la mala gente es el silencio de la gente buena». Quizá hoy habría añadido otra frase: lo más peligroso de un gobierno es cuando confunde mirar hacia otro lado con gobernar.
Porque las fronteras no distinguen entre ideologías. O se gestionan… o acaban gestionándote a ti.
Salva Cerezo

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 01/08/2026

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