Resulta entretenido observar el desconcierto de políticos, periodistas y demás lacayos apesebrados al ver cómo se les cae el tinglado por momentos. ¡La ultraderecha sube! –claman desesperados–; ¿cómo puede ser? –se preguntan afligidos–.

¿Cómo es que el personal ya no nos hace caso? ¡Si tenemos el control de todo! ¡Si la escuela y las televisiones no dejan de bombardear día y noche con lo malo y antidemocrático y fascista que es VOX!.

La culpa, claro está, es de los demás: de las redes sociales, que, por desgracia, ya no censuran como antes; de la gente, que no obedece al Partido y, por lo tanto, es tonta o está loca, y, por supuesto, de “los discursos de odio de la ultraderecha”. Porque, en el mundo al revés que nos quieren contar, el incremento desmesurado de la delincuencia es culpa del racismo, el delincuente es víctima, la consecuencia es la causa y la mentira oficial es la verdad. Y, como deberíamos saber, “la inmigración no es un problema”, “España crece más que la media europea”, “el paro ha descendido” y “el PSOE es un partido limpio”.

A este paso, los españoles van a acabar dudando del apocalipsis climático, y eso que el esfuerzo por amedrentar a la ciudadanía se evidencia en la continua invención de nuevos términos para convertir lo de siempre en excepcional. Este verano ya hemos incorporado “enjambre sísmico” e “incendio explosivo”, engrosando un poco más el diccionario del miedo. Recordemos las incorporaciones de los últimos tiempos: “ciclogénesis explosiva”, “ecoansiedad”, “bombas meteorológicas”, “desplome térmico”, “devastación climática”, “colapso inminente”, “solastalgia”1

Por cierto, otra “aportación” de esta temporada: el “aumento de muertes por calor”, de la mano del “incremento de muertes por ahogamiento”. Asunto espinoso, pues, como reconoció –sin querer– una periodista al referirse a las “muertes atribuibles al calor”, según indica el vocablo “atribuibles”, éstas resultan algo interpretable y poco científico, quedando abierto su recuento a la discrecionalidad y subjetividad del glosador.

Y, teniendo en cuenta la absoluta falta de principios de quienes se hallan al frente de los medios de propaganda y desinformación del Sistema, no parece descabellado colegir que los ahogamientos se contabilizan como muertes por calor, ya que, evidentemente, sin calor todos esos bañistas no se habrían metido en el agua.

Y al hilo de esta cuestión del calor estival, por lo visto siempre “inédito” de un tiempo a esta parte, una última reflexión: según nos contaba Antena Tres –por descuido también, sin duda– el miércoles 13 de agosto, este año a estas alturas se habían quemado muchas más hectáreas que en todo el pasado 2024, que “había sido más húmedo”…

Sin embargo, el verano pasado las televisiones estuvieron aterrorizando al personal sin piedad con las llamadas “olas de calor”2, llegando a contabilizar hasta seis… ¿Cómo es que este año, a pesar de ser presuntamente más caluroso, sólo vamos por la segunda “ola de calor”? ¿Y por qué, curiosamente, sólo se habla de la superficie y no se difunde información sobre el tipo de terreno quemado, en su mayor parte pasto y monte bajo? ¿Y por qué no se habla del estado de los embalses en un año supuestamente tan terrible?

Pues porque están hasta arriba después de un invierno y una primavera especialmente lluviosos. Naturalmente, haciendo gala del crédito que la acompaña, la ministra de Transición Ecológica Sara Aagesen, atribuía el mismo día 13 los incendios al “Cambio Climático”3.

Políticos y periodistas parecen no darse cuenta de que la gente está hasta las pelotas de ellos, de sus trolas y amenazas. Pero no es que sean idiotas o terriblemente fanáticos –aunque todo puede ser–; es que les va el sueldo en ello y tienen que fingir que no se enteran. En cualquier caso, yo que ellos empezaría a correr.

Filípides (ÑTV España)

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 16/08/2025

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