El que haya nacido en una villa vallisoletana, haya vivido a lo largo de mi vida en ciudades con clima extremo y que, en la actualidad viva en Zaragoza, ciudad como dice el popular humorista Leo Harlem, donde se fabrica el frío, me ha acostumbrado a tener en cuenta tanto en mis actividades cotidianas como en la planificación de mis viajes las predicciones meteorológicas.
Por tal motivo, casi a diario, consulto las previsiones del tiempo en la página de la «Agencia Estatal de Meteorología (AEMET)» aunque bien es cierto, que frecuentemente, tienen el mismo tino que una escopeta de feria.
Esta Agencia Estatal, otra más de las innumerables del actual Gobierno, sustituyó en 2008, con Rodríguez Zapatero de presidente, a la «Dirección General del Instituto Nacional de Meteorología», que contaba con más de cien años de existencia. Es obvio que, al alto comisionado del actual Gobierno en Venezuela, el término “Nacional” no le gustaba.
El objetivo básico de la «AEMET» es contribuir a la protección de vidas y bienes a través de la adecuada predicción y vigilancia de fenómenos meteorológicos adversos según su página oficial. No tengo la menor duda que los funcionarios de este Organismo que depende del «Ministerio de la Transición Ecológica y el Reto Demográfico» son excelentes como los de cualquier otro Organismo oficial, pero lamentablemente están dirigidos por incapaces cargos políticos como el «CIS», la «SEPI» o «Red Eléctrica Española», entre otros. ¡Qué buenos vasallos si hubiere un buen señor!
La titular de la cartera del Ministerio antes mencionado con un nombre de lo más cursi posible, es la madrileña Sara Aagesen Muñoz (un apellido difícil de pronunciar para muchos españoles e imposible para alguna ministra compañera de la señora Aagesen), educada en el colegio privado «Los Sauces» del barrio exclusivo de La Moraleja (Alcobendas). La ministra, buena estudiante, es Ingeniera Química por la Universidad Complutense.
Vive en el elitista Soto de la Moraleja donde seguro que no comparte vivienda con muchos “obreros socialistas” y derivados. Sustituyó el 24 de noviembre de 2024 a la más que ineficaz y sectaria ministra Teresa Ribera tras la trágica riada en la provincia de Valencia que causó 237 muertos y unos daños materiales incalculables.
Doña Sara Aagesen siguiendo las directrices gubernamentales de opinión sincronizada, es decir única y veraz que propugna ese gran timonel que es Pedro Sánchez ha declarado que ha enviado una carta a la Fiscalía de delitos de odio al objeto de que “se refuerce la lucha contra la desinformación y el discurso negacionista contra divulgadores climáticos, meteorólogos y periodistas”.
Alguien de su Ministerio –asesor jurídico, por ejemplo– tendría que decir a la señora ministra que el delito de odio que tanto manejan los más puros izquierdistas actuales es cualquier infracción penal (contra personas o propiedades) motivada por prejuicios contra un individuo o grupo por su raza, origen étnico, religión, orientación sexual, discapacidad u otra característica similar que incita a la discriminación, hostilidad, violencia o humillación. El objetivo es, en suma, proteger a colectivos históricamente discriminados.
Esta ministra, poco asidua a salir en televisión y en otros medios de comunicación ha querido emitir en la “misma frecuencia” que sus compañeros asiduos a televisiones afines, radios gubernamentales y redes sociales actuales queriendo dejar claro que nadie puede poner en duda la opinión oficial sobre la “emergencia» y cambio climático, las previsiones climatológicas a medio y largo plazo y las bondades de la nefasta agenda 2030.
Vamos, la misma línea que propugna el ministro sin cometidos Ángel Víctor Torres sobre cierta parte de la Historia de España. Sólo hay una opinión, la del Gobierno y si opinas diferente, ya sabes, el fiscal de turno –ya sabemos de quien depende la Fiscalía – te podría acabar llevando a un Juzgado.
Según esta teoría que cada vez se parece más al «¡exprópiese!» chavista, –el sanchismo la ha trasformado en «¡cállese!»– los trágicos sucesos de la riada en la provincia de Valencia el 29 de octubre de 2024 fueron culpa de Mazón por entretenerse más de lo debido en una comida y no acudir al «centro de coordinación operativa integrada (CECOPI)» de manera inmediata y también de Feijóo por hacerle perder el tiempo con whatsapp innecesarios e inoportunos.
Igualmente, el apagón –de ahí le viene que a la ministra se la conozca como “Apagesen”– sufrido por toda España a las 12,33 horas del 28 de abril de 2025, es culpa de las empresas del sector energético. Esta ministra, también es plenamente consciente que los incendios que cada verano calcinan miles de hectáreas en España son culpa del cambio y la “emergencia” climática y no de multitud de pirómanos.
Pero si en el pleno derecho que todo español tiene de emitir su opinión personal diciendo, criticando y censurando a la vez la falta de acierto de las previsiones meteorológicas, el abandono de la limpieza de los cauces de ríos y arroyos, y la más que necesaria actuación preventiva en los bosques en otoño, invierno y primavera, eres todo un odiador de no solo el Ministerio correspondiente, sino de la AEMET, de las Confederaciones Hidrográficas y de la mismísima señora Aagesen.
Por lo visto, esta señora y sus fieles acólitos solo admiten alabanzas y loas. Quizá en un futuro exijan por su excelente gestión fervientes y emotivos aplausos como los que recibe el líder norcoreano Kim Jong-un.
Estamos a un paso de ello. “Apagesen” y vámonos.
Mauro Velasco (ÑTV España)