Hace dos semanas Von der Leyen anunció las ventajas de confiscarnos nuestros ahorros para convertirlos en «inversiones muy necesarias». Apenas sin tiempo para asimilar el atraco legalizado bajo el anzuelo del euro digital, ahora nos pide que desempolvemos el petate del abuelo y convirtamos nuestras casas en búnkeres.
La misma UE que arrebata la soberanía de las naciones europeas nos exige tres días de soberanía domiciliaria ante el riesgo de una guerra que desean, ya sin disimulo, traernos a casa. Un kit de supervivencia con luz, agua, alimentos, medicinas, un generador de energía… y, por qué no, hasta piezas de artillería por si los rusos se asoman al jardín.
Aunque los únicos cadáveres que yacen en tantas ciudades europeas son los que deja el terrorismo islámico, Bruselas niega que la inmigración ilegal y el yihadismo sean una amenaza para nuestra seguridad.
Tal es la distancia entre la realidad y la ficción. A un lado, los machetazos, los coches que atropellan, las fronteras violadas y el aumento de agresiones contra mujeres y homosexuales; al otro, la Comisión Europea, Macron y Starmer (¿pero no os habíais ido?) declaran enemigo a Rusia que, según la propaganda de guerra oficial, a estas horas debe estar con las divisiones del general Zhukov a punto de caer sobre Berlín.
Este clima Apocalipsis Now sólo se puede mantener, por supuesto, con la complicidad de una prensa que escribe desde la trinchera. 700 medios y 6.000 periodistas de todo el mundo recibieron pagos de Biden a través de USAID, pero mucho cuidado con las injerencias rusas que desestabilizan nuestras idílicas democracias.
Hace tiempo que Bruselas azuza la psicosis de un conflicto inminente en nuestras playas, campos y calles, escenario al que tantos Chúrchilles opositan con entusiasmo bélico renovado. Cayetana sueña con emular a su abuelo narrando el desembarco de Normandía en una radio aliada. La realidad, sin embargo, tiene poco que ver con la libertad.
El poder establecido necesita más sangre para engrasar la maquinaria de la unión que nos hemos dado, reforzar (a falta de auctoritas) su potestas y aumentar el supercontrol sobre la población, sueño húmedo del burócrata que hoy avanza su rodillo destruyendo la libertad de expresión a través de la ley de servicios digitales, herramienta para imponer la censura global.
No es una exageración: la UE es a Europa lo que el Partido Comunista Chino a la democracia. No hay decisión que redunde en nuestra prosperidad y libertad, pues hace tiempo que la Comisión de Von der Leyen sólo busca cambiar el apellido al inmutable emergencia para prolongar el estado de terror. Así, hemos pasado de la emergencia sanitaria a la climática y ahora a la bélica.
Construyen el marco y la narrativa para que la papilla entre luego mejor. Úrsula nos mete miedo, debemos prepararnos para «incidentes y crisis a gran escala», incluida la posibilidad de una agresión armada que afecte a uno o más Estados miembros. Por si acaso, exige autosuficiencia poblacionalde al menos 72 horas. Tres días jugando al Risk. Quién sabe si después vendrán las cartillas de racionamiento y los toques de queda que, no lo olvidemos, sufrimos durante la epidemia.
Es bueno echar la vista atrás porque de la gran crisis del covid los únicos que salieron más fuertes fueron el poder y la prensa. Sus medidas discrecionales, los mayores disparates y las restricciones acientíficas las cumplimos al pie de la letra. Todo fue posible porque nos convertimos en un gran rebaño dócil domado por las televisiones.
Las cosas no han cambiado. Desde que nos despertamos y ponemos la radio escuchamos liberalismo y moderación a todas horas, críticas a los aranceles y al proteccionismo al que ha virado occidente (el pueblo, no sus élites) desde hace una década. Pero llega el euro digital y nadie se inmuta.
El «exprópiese» con acento caribeño es repudiable, mas no cuando se pronuncia en inglés o alemán, que entonces lo tragamos gustosamente porque viene de Europa. Este invento no sólo pretende eliminar el dinero en efectivo, sino que servirá para que el poder sepa cuánto gastamos en carne, gasolina o en viajes de avión y cuando al chamán climático de turno le parezca que rebasamos el límite-Greta, entonces no podremos gastar nuestro dinero en lo que nos plazca y, de propina, tendremos que abrir nuestras fronteras a los refugiados climáticos, que es como ahora llaman a quienes vienen a imponernos la sharía.
Es el mundo del Foro de Davos del no tendrás nada y serás feliz. Toda crisis es una oportunidad para seguir perdiendo derechos, libertades y prosperidad, por eso la Comisión Europea propone a los Estados barra libre de deuda para ir a una guerra después de haber sustituido nuestra industria, campo y población por las del tercer mundo.
El Joker gobierna en Bruselas y quiere que acondicionemos nuestras casas en hermosos búnkeres ecosostenibles. Enfrente está Putin, del que nos cuentan que no puede con Ucrania pero que en cualquier momento podría bombardear Albacete. Como sigan así, son capaces de encerrarnos en casa y ponernos mascarillas para caminar por la calle.
Javier Torres (La Gaceta)