Dicen los viejos refranes que “hay quien se la coge con papel de fumar”, expresión castiza donde las haya para describir a esa persona que mide cada palabra con una delicadeza extrema, no vaya a ser que el viento del momento le despeine el discurso.
El origen del dicho es sencillo y muy español. Antiguamente, cuando se liaban los cigarrillos a mano, el papel de fumar era tan fino y delicado que cualquier movimiento brusco lo rompía. De ahí que la expresión pasara a describir a quienes manejan los asuntos con exagerada prudencia o un cuidado casi ridículo, como si cualquier palabra fuera a romper la realidad igual que el papel rompe el tabaco.
Y visto lo visto, en la política internacional actual de papel de fumar vamos sobrados.
Porque mientras la guerra sigue tragándose dinero a la velocidad de una tragaperras en un casino, con un coste que ya nos está arrancando a todos un riñón y al oso rojo unos mil millones diarios, después de aquello de que todo se resolvería en “cuestión de horas”, ahora resulta que nadie quiere equivocarse en el comentario.
Así que tenemos a italianos, franceses, rumanos, alemanes, españoles y la mismísima Ursula caminando por el tablero diplomático como si fuese un campo de minas semánticas.
Unos hablan de “contención estratégica”, otros de “escalada controlada”, algunos de “preocupación profunda”, y todos, absolutamente todos, con el papel de fumar bien desplegado entre los dedos.
Porque aquí el problema ya no es la guerra.
El problema es decir algo que mañana pueda convertirse en un titular incómodo.
La escena recuerda más a una ruleta rusa diplomática que a una estrategia internacional donde todos giran el tambor, todos sonríen para la foto… y nadie quiere ser el que apriete el gatillo equivocado.
Pero como suele ocurrir, mientras unos afinan el lenguaje con bisturí, otros van directamente al grano.
Y ahí entra en escena un ejemplo de creatividad administrativa que merece capítulo aparte:
el concejal del PSOE de Carrión de los Condes (Palencia), que ha decidido inscribirse como mujer para cambiar de sexo y así poder optar a las ayudas destinadas a mujeres en zonas rurales.
Lo que viene siendo aprovechar el reglamento con la precisión de un cirujano… o de alguien que también se la ha cogido con papel de fumar, pero con la calculadora en la mano.
Porque en este país, mientras los líderes mundiales miden las palabras con pinzas, la picaresca nacional sigue demostrando que la imaginación siempre va varios pasos por delante del BOE.
Y al final, entre guerras, subvenciones y equilibrios verbales, uno empieza a sospechar que el verdadero deporte político del siglo XXI no es gobernar.
Es no mancharse mientras todo explota alrededor.
Aunque para lograrlo haya que hacerlo con papel de fumar, con guantes de seda… o con el registro civil abierto de par en par.
Salva Cerezo

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 12/03/2026

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