En España hemos alcanzado la excelencia en el arte de la cortina de humo y la estupidez.
Mientras se imputan dos nuevos directivos de ADIF, algo que en cualquier país serio haría temblar cimientos políticos y mediáticos, aquí se opta por una estrategia mucho más sofisticada: distraer al personal con debates semánticos de altura.
Resulta que a la progresía le ha dado un ataque de urticaria con el título de “Congreso de los Diputados”. Sí, el mismo que lleva en la fachada desde el siglo XIX. Ahora proponen eliminar el odioso “de los Diputados” para llamarlo solo “Congreso”.
Y no porque tengan un plan de reforma lingüística o jurídica… no, esto va de salvar votos. Al parecer, les preocupa más la gramática inclusiva que los problemas de los ciudadanos. ¿Sanidad colapsada? ¿Vivienda imposible? ¿Precariedad laboral? No importa, lo crucial es que el mármol no ofenda.
La parte más divertida es que ni siquiera pueden cambiar la dichosa inscripción porque la fachada está protegida como Bien de Interés Cultural. Pero claro, ¿qué importa la legalidad cuando la indignación performativa puede dar titulares?
Y de paso, aprovechan para repartir leña a la derecha, acusándola de tibieza, a ver si consiguen que las “ciudadanas huídas” vuelvan al redil socialista. Porque nada dice “tenemos un proyecto de país” como un debate sobre letras grabadas en piedra.
En fin, mientras unos se llevan el dinero en maletines y otros se lo llevan en sobres, nosotros nos quedamos con las migajas del espectáculo, trending topics, tuits indignados y el eterno “y tú más”.
Bienvenidos al Congreso de las distracciones. Aquí, las palabras pesan más que los hechos… y los hechos se imputan.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 22/07/2025

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