¿Recuerdas cuando Correos repartía cartas? Sí, cartas. Sobres. Paquetes que llegaban a su destino y no a un limbo administrativo entre “vuelva usted mañana” y “el sistema está caído”. Aquella reliquia del pasado en la que una empresa pública servía a los ciudadanos y no a los amigos del poder. Nostalgia pura.
Desde que el sanchismo decidió “modernizar” la institución, es decir, meter la pezuña hasta el fondo, Correos ha pasado de ser un servicio público a una especie de escape room burocrático, porque entras, pero no sabes cuándo (ni cómo) saldrás. Colas eternas, personal desbordado y una gestión que parece diseñada por alguien que nunca ha enviado una carta… ni ha trabajado.
El resultado es admirable, déficit, caos y la sospecha persistente de que Correos ya no reparte correspondencia, sino favores. Una empresa pública convertida en guardería de cargos, refugio de lealtades y nido de un latrocinio tan elegante que ni siquiera necesita pasamontañas. Todo muy institucional.
Y mientras el cartero no llama, porque no llega, el foco se desplaza a escenas más glamurosas. José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente reconvertido en figura internacional de agenda discreta, es cazado con conexiones venezolanas y un despliegue de escoltas digno de jefe de Estado en activo.
Tres días antes de una detención. Casualidades que solo existen en la política española, ese género literario entre el realismo mágico y la tragicomedia.
El mensaje es claro: para unos, protección; para otros, ventanilla cerrada. Para unos, alfombra roja; para el ciudadano, el felpudo gastado de la oficina de Correos.
Pero tranquilidad. Todo esto, nos dicen, se hace por el bien de los españoles. El presidente insiste en agotar la legislatura porque “nos beneficiamos”. La pregunta es obligatoria:
¿De qué exactamente?
¿Del servicio postal colapsado?
¿De las empresas públicas al borde del colapso financiero?
¿De los encuentros discretos con escoltas pagados por todos?
¿Del desgaste electoral maquillado con propaganda?
El beneficio, eso sí, es tan sutil que solo lo perciben quienes viajan en coche oficial, tienen escolta o no hacen cola. El resto, los ciudadanos normales, seguimos esperando nuestro paquete… y una explicación.
Eso sí, paciencia. Igual llega mañana.
Por Correos.
Salva Cerezo