Viviendo en España es frecuente conocer y tratar a muchas personas magníficas, amables, trabajadoras, bien educadas, tanto procedentes de profesiones liberales como de la función pública, técnicos, científicos o empresarios que mes a mes afrontan el pago de la nómina de sus trabajadores, etc., se sabe que algunas profesiones tienen prohibido pertenecer a partidos políticos garantizando de esta forma la neutralidad en el ejercicio de su profesión, como jueces, fiscales, fuerzas armadas o las de seguridad.

El resto de los profesionales, algunos de ejecutoria brillante, no se suelen comprometer en la vida política, y consecuentemente, no se les puede elegir para que nos representen porque no forman parte de las listas, ni están afiliados a partido alguno. Con frecuencia me pregunto ¿por qué pasa esto? ¿no sería buena su participación, sobre todo en la legislación que afecte a su ámbito profesional?

Ha caído en mis manos un libro sobre la Democracia, escrito por el doctor Aquilino Fariñas, en el que reproduce un párrafo escrito por Gonzalo Fernández de la Mora y Mon, (“La crisis del parlamentarismo”), donde textualmente, dice:

El diputado se deshumaniza, porque su actuación en el parlamento ya no responde ni a su personal información, ni a su potencia de razonamiento, ni siquiera a sus convicciones; ha de votar de acuerdo con su partido, lo cual no solo le exime de estudiar la cuestión y de sopesar los argumentos de sus adversarios, sino que, en ocasiones, le obliga incluso a contradecir su propio criterio y a desoír su conciencia.

A medida que la disciplina de voto es mayor, aumenta el número de diputados incapaces de mantenerse a la altura de la tradicional exigencia moral de tomar libremente sus decisiones, y en los asuntos de primera importancia adoptar, en las sesiones plenarias del Parlamento, actitudes discrepantes respecto de los partidos y las facciones.

El diputado ya no es propiamente “un parlamentario” sino a lo más, un portavoz; es un hombre que abdica de la razón y se alinea con el partido. Se le ha instrumentalizado. Deja de ser una cabeza pensante para convertirse en un dato contable a la hora de los escrutinios. No se computará ningún argumento; solo su voto, que, si es disciplinado, será un punto positivo; pero que, en caso contrario, será el principio del fin, una antesala de la muerte pública.

Fin de la cita. Entiendo que el juicio emitido por Fernández de la Mora es real y, de alguna forma, lo estamos viendo, así que dando por buena su descripción, ¿a alguien le puede extrañar que los más valiosos profesionales, técnicos o científicos no estén dispuestos a sacrificar su vida profesional para integrarse en un escaño del Parlamento?

Es evidente que una de las cosas más importantes que hace falta en España, es modificar el sistema electoral y su resultado parlamentario para permitir y fomentar la participación de los mejores en los debates que debería haber para redactar los textos legales.

José Luis Montero Casado de Amezúa (ÑTV España)

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Política,

Última Actualización: 07/07/2025

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