Cada 6 de diciembre sucede el mismo milagro español para quienes pasan todo el año ignorando, retorciendo o reinterpretando la Constitución aparecen de repente en modo solemne, trajeados, sonrientes y con la mano en el corazón. Puro teatro institucional. Si existiera un Goya a la Mejor Interpretación Constitucional, lo ganarían todos.
Porque lo mejor de todo esto, lo más exquisito, lo más fino, es el cinismo.
Se excusan como si fueran víctimas del calendario:
“Uy, qué casualidad, ya vuelve a tocar celebrar la Constitución… qué pesadez, con lo tranquilos que estábamos”.
Pero no, no son víctimas ni del calendario ni del azar; son víctimas de su falta de interés, o mejor dicho, de su interés en que esa Constitución que tanto dicen defender acabe diluida, relativizada y desgastada, como una camiseta vieja que esperan que se rompa sola para no tener que tirarla ellos.
Su objetivo no es celebrarla.
Ni respetarla.
Mucho menos cumplirla.
No, su objetivo final es reducirla a un trámite incómodo, un pequeño obstáculo que hay que saltar antes de poder escribir una nueva, a la medida de sus socios, sus pactos y sus urgencias políticas del momento.
Y cuesta creerlo, porque esta Constitución del 78 no es cualquier cosa.
Fue el salvavidas que nos sacó de las rencillas del 36.
Fue el puente que nos permitió reencontrarnos después de cuarenta años de heridas abiertas entre ganadores y perdedores de una guerra fratricida.
Fue el pacto que hermanó a los españoles, que nos devolvió el tono, la convivencia, la esperanza.
Pero claro, pasaron los años, y alguien decidió que la memoria histórica era un arma más eficaz que la convivencia.
Primero Zapatero, abriendo la caja de los fantasmas, desempolvando trincheras y convirtiendo la política en un museo de agravios.
Y ahora Sánchez, continuando la función con entusiasmo, como si España fuera un decorado donde reponer eternamente el mismo drama.
Casi 47 años después, aquí estamos,
celebrando la Constitución con discursos que la halagan por la mañana y pactos que la contradicen por la tarde.
Brindando por la unidad mientras se negocia su erosión.
Aplaudiendo el espíritu del 78 mientras se alimenta, día tras día, el espíritu del 36.
Así que sí,
Feliz Día de la Constitución.
Disfruta hoy de los homenajes, porque mañana volverán a intentar que te olvides de ella.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 06/12/2025

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