Hay amores que no entienden de lógica, ni de datos, ni siquiera de realidad. Amores que no necesitan pruebas porque se bastan a sí mismos. Y luego está el amor de Tezanos por su jefe, un amor tan puro, tan entregado, tan financiado con dinero público, que merece capítulo propio en la literatura romántica… o en la picaresca española.
Según la última revelación del CIS, ese oráculo moderno que siempre acierta… cuando mira hacia Moncloa, el PSOE aventaja al PP en siete puntos. Siete. Ni seis ni ocho. Siete, como los pecados capitales, aunque aquí el más evidente es el de la cara dura sin rubor, con la que está cayendo. Y para rematar la faena, Tezanos nos explica, con la serenidad del que se sabe impune, que su jefe gobierna porque “le votan más”. ¡Magistral!. Una obviedad tan profunda que roza la filosofía de bar de madrugada.
Lo fascinante no es ya la cifra, que a estas alturas tiene la credibilidad de un horóscopo escrito por tu cuñado, sino la justificación. No se molesta en disimular, no maquilla el argumento, no intenta guardar las formas. No. Nos mira a los ojos, mete la mano en nuestra cartera y nos dice: “Sí, esto lo pagas tú… y además te explico por qué mi jefe es maravilloso”. Transparencia absoluta. Cinismo del bueno.
Dicen que hay tantas opiniones como cabezas, y visto lo visto, tantas formas de amar como corazones. El amor de Tezanos es de los que no conocen el pudor. Un amor entregado, servicial, casi militante. Un amor que convierte una encuesta pública en una carta de San Valentín permanente, renovada mes a mes con cargo al presupuesto.
Mientras tanto, el ciudadano asiste al espectáculo con esa mezcla tan nuestra de resignación y sarcasmo. Porque ya no indigna, ya cansa. El CIS ha dejado de ser un instrumento sociológico para convertirse en un boletín parroquial donde siempre gana el mismo equipo, aunque el estadio esté vacío y los aficionados silben.
Lo realmente admirable es la tranquilidad. Ni se sonroja. No hay titubeo, no hay duda, no hay sombra de autocrítica. Todo es firmeza, convicción y un mensaje claro: “Gobernamos porque lo digo yo, y lo digo yo porque gobierno”. Un círculo perfecto. Un triángulo imposible. El famoso Penrose versión demoscópica.
Y así seguimos, pagando encuestas que no informan, explicaciones que no explican y justificaciones que insultan a la inteligencia colectiva. Pero tranquilos: según el CIS, esto nos encanta. Nos gusta. Lo votamos. Y además, mucho.
Porque cuando el amor es verdadero, y sobre todo cuando está pagado por todos, no necesita rubor. Solo necesita un micrófono, un cargo… y una encuesta a medida.
Salva Cerezo

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 14/12/2025

Etiquetado en:

,