Ante los gravísimos casos de corrupción que asolan al PSOE, Pedro Sánchez, en lugar de asumir sus responsabilidades, dimitir y convocar elecciones como hubiera hecho cualquier líder político mínimamente digno, ha optado, como era de esperar, por aferrarse al cargo, demostrando con ello que carece de valores morales y convicciones democráticas.

De hecho, tras estallar el último de los muchos casos de corrupción socialista, Pedro Sánchez compareció ante la opinión pública mostrándose, en un alarde de cinismo, cariacontecido para pedir perdón en nombre del PSOE, si bien dando por sentado que él personalmente desconocía que los que habían sido sus dos secretario de Organización, es decir José Luis Ábalos y Santos Cerdán, estuviera implicados, junto a otros miembros del PSOE, en diversos casos de corrupción a gran escala.

Sin embargo, ya en su segunda comparecencia pública, P. Sánchez, en una exuberante exhibición de su narcisista naturaleza, se mostró arrogante, altanero y beligerante, llegando al extremo de desarrollar un discurso absolutamente disparatado que giraba en torno a tres ejes argumentales: el primero, que se hallaba libre de toda culpa en lo relativo a los casos de corrupción destapados por la UCO, el segundo, que los logros de su Gobierno y la necesidad de concluir su proyecto progresista le impedían dimitir y, el tercero, que detrás de los ataques a su Gobierno no estaba la corrupción sino una maquiavélica conspiración orquestada por la ultraderecha.

En cuanto a la participación de P. Sánchez en lo casos de corrupción del PSOE resulta difícil creer que no estuviera al tanto de los sucios negocios que durante años llevaron a cabo sus dos principales lugartenientes, sobre todo teniendo en cuenta que tanto J. L. Ábalos como S. Cerdán fueron, junto con el también implicado Koldo García, los componentes de la llamada “Banda del Peugeot” que tanto ayudó al psicópata monclovita a alcanzar la secretaría general del PSOE, recorriendo España para ganarse el voto de la militancia socialista. A su vez, cabe resaltar que, cuando ya se conocían las conclusiones de la UCO respecto al “Caso Koldo”, el PSOE intentó comprar el silencio de J. L. Ábalos a cambio de hacerse cargo de los honorarios de su abogado, conseguirle un puesto de trabajo en una consultora y hacerle tertuliano televisivo, con lo cual la sospecha de una posible implicación de P. Sánchez en la trama de corrupción socialista adquiere evidentes visos de verosimilitud.

En cualquier caso, suponiendo que P. Sánchez no fuera culpable por acción, lo cual es mucho suponer, sería culpable por omisión, ya que habría faltado al deber que como secretario general del PSOE tiene de vigilar lo que ocurre en el seno de su propio partido, sobre todo teniendo en cuenta que los medios de comunicación llevan años informando de las presuntas actividades delictivas protagonizadas por personas vinculadas a la cúpula del PSOE.

En definitiva, el primer argumento de su comparecencia es insostenible, dado que, ya sea por “culpa ex facto” o por “culpa in vigilando”, P. Sánchez no puede eludir alegremente su responsabilidad en la reconversión del PSOE en una organización criminal.

En lo relativo a los logros alcanzados gracias a su acción de gobierno cabe señalar, en primer lugar, que debido a su dependencia de comunistas e independentistas P. Sánchez no ha sido capaz de gobernar, limitando su actividad legislativa al cumplimiento de las exigencias de sus socios, hasta el punto de que durante los dos años que llevamos de legislatura no ha sido tan siquiera capaz de sacar adelante la Ley de Presupuestos Generales del Estado.

Esta lamentable situación ha impedido al Gobierno de P. Sánchez elaborar la planificación económica y financiera necesaria para mantener el equilibrio presupuestario, controlar el déficit público y establecer los recursos económicos destinados a mejorar las prestaciones sociales y estimular el crecimiento.

Así, no resulta sorprendente que, debido en buena parte a esta parálisis gubernamental, existan actualmente en España casi 4 millones de parados y más de 9,5 millones de personas viviendo por debajo del umbral de la pobreza o en riesgo de exclusión social.

A su vez, hemos podido comprobar cómo eran amnistiados los golpistas catalanes, cómo se trasladaba a los presos de ETA a las cárceles del País Vasco acabando con la política de dispersión etarra, cómo se disminuían las penas por el delito de malversación de fondos públicos, como se rebajaban las condenas a los depredadores sexuales, cómo se permitía a los jóvenes comenzar el cambio de sexo a partir de los 16 años sin necesidad de presentar ningún tipo de informe médico ni psicológico y cómo se protegía a los okupas de los desahucios exprés y se obligaba a los legítimos propietarios de los inmuebles a pagar la luz y el agua.

A todo ello es necesario añadir el permanente intento del Gobierno socialcomunista de dinamitar el Estado de Derecho, como lo demuestra el hecho de que una gran mayoría de las Asociaciones de jueces y fiscales hayan decidido convocar una huelga de cuatro días en defensa de la independencia del Poder Judicial, al entender que se ve amenazada por las reformas que pretende llevar a cabo el Ministerio de Justicia.

En conclusión, a la luz de los hechos si hubiera que calificar la actuación del Gobierno socialcomunista a lo largo de esta legislatura solo cabría afirmar que ha sido absolutamente nefasta, por lo que el hecho de que P. Sánchez se vanaglorie de sus logros solo puede entenderse como el inaceptable sarcasmo de un individuo enfermizamente ególatra.

Por lo que respecta a la existencia de una conspiración de la ultraderecha contra el Gobierno socialcomunista, trasladada a la opinión pública mediante mensaje de odio y propagación de bulos, cabe señalar que es una broma de muy mal gusto solo apta para descerebrados, ya que si algo está meridianamente claro es que el personaje que más ha contribuido a la división de la sociedad española en dos grupos prácticamente irreconciliables ese ha sido P. Sánchez. Así, el autócrata monclovita ha venido enarbolando a lo largo de su trayectoria presidencial un discurso frentista, maniqueo y sectario, el cual alcanzó su máxima expresión al proclamar su firme determinación de levantar un muro que sirviera de dique de contención de todas aquellas personas que, por ser de derechas, no comulgaran con sus ideas, recreando de esta forma una suerte de campo de concentración muy al estilo soviético.

En conclusión, P. Sánchez a lo largo de sus dos comparecencias públicas, además de mostrar la indecencia que le caracteriza, ha demostrado que no es la culminación de un proyecto de gobierno, del que por otra parte carece, lo que le impulsa a no presentar su dimisión a pesar de los múltiples casos de corrupción que afectan directamente a su entorno familiar y político, sino que lo que realmente induce a P. Sánchez a no convocar elecciones es el pánico que le tiene al veredicto de la ciudadanía expresado en las urnas, ya que la derrota electoral es el único horizonte de posibilidades que su atribulada mente contempla.

Por todo ello, como si del visionado de una película de los hermanos Marx se tratara, ya solo cabe disfrutar con el espectáculo que proporciona la agonía política de un presidente profundamente perturbado, absolutamente odioso y totalmente corrupto.

Rafael García Alonso (ÑTV España)

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 20/06/2025

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