La insoportable propaganda del nuevo frente popular alcanza niveles de escándalo, con tal de ganarse un voto, aunque sea al precio de mentir de la forma más asquerosa y descarada.

Si el otro día hablábamos de aquella que, llena de razón, decía que en tiempos del General Franco existía una Ley que autorizaba a los maridos a darles dos palizas anuales a sus mujeres, ahora nos encontramos con que, según el gran masón, por aquellos años de máxima prosperidad de España, resulta que a las mujeres no se les permitía estudiar.

Puede llegar a entenderse que una individua, mediatizada por las perniciosas redes sociales, carente de la formación más elemental, asevere tal barbaridad por ignorancia o desconocimiento; sin embargo, eso no puede ser aplicable a alguien teóricamente formado y que, encima, ocupa un puesto relevante a nivel nacional.

Según aseguró, en un acto público este siniestro individuo, conocía ejemplos muy cercanos a él de mujeres analfabetas, hijas de hombres leídos, a las que no se les había permitido ni tan siquiera aprender a leer y escribir.

Es posible que fuese el propio progenitor de la referida señora quien, por algún motivo que se me escapa, mantuviese a su hija carente de la más elemental formación, pese a que una Ley de 1945 establecía la obligatoriedad de la enseñanza para todos los españoles comprendidos entre los 6 y los 12 años.

Incluso, andando un poco más en el tiempo, concretamente en 1949, un falangista, José Antonio Girón de Velasco, instaura el bachillerato laboral o técnico con el fin de generalizar la formación para todos e incorporar, especialmente a las clases trabajadoras, a los puestos de producción.

Tampoco se puede olvidar el ímprobo trabajo de la Sección Femenina quien asumió la función de formar a las mujeres, especialmente del ámbito rural, por medio de sus cátedras ambulantes, en materia cultural, laboral, recreativa y religiosa.

En consecuencia, si esa señora de la que hablamos no aprendió a leer ni escribir, sin duda fue motivado más por la dejación familiar que porque Franco así lo quisiese. Por tanto, señor masón, no me venga con milongas.

Por otra parte, todos, especialmente los que contamos ya con un montón de años, tenemos la referencia de nuestras madres, tías y primas mayores que nosotros, que no solo se formaron en Colegios e Institutos, sino que muchas de ellas acudieron a las aulas de la Universidad; por tanto, mientes.

Sin embargo, lo grave no radica en que un tipo deleznable como este mienta; es mucho más grave que haya quien aplauda sus mentiras como si se tratase de dogmas de fe. Eso es lo que está llevando a España a la ruina, aunque parece que una buena parte de los españoles todavía persiste en hacer la vista gorda o mirar para otro lado.

Todos estos miserables fastos organizados por los socialistas no son más que cortinas de humo para tratar de ocultar la mastodóntica corrupción en la que nos encontramos inmersos; para tratar de desviar la atención de los españoles y que los gravísimos problemas que nos aquejan pasen a un segundo plano.

En cualquier caso, es posible que, incluso, esta jugada les salga mucho peor de lo que cabría esperar ya que habrá muchos, incluso jóvenes, que se pregunten cómo es posible que España, bajo el mandato de alguien tan deleznable como Franco, alcanzase las cotas de progreso que se lograron, lo que les llevará, inexorablemente, a documentarse, investigando en la historia no contaminada, hasta llegar al conocimiento de que, en realidad, Franco no era tan malo como lo quieren pintar todos estos personajes y que España, además de zafarse de la zarpa malvada del comunismo bolchevique, con la que pretendía ahogarnos el frente popular, logró convertirse en una gran potencia, admirada por todos, salvo, claro está, aquellos que solo pretendían subyugarnos.

Tampoco deberíamos pasar por alto la bravata de la “picotuda” y sus huestes comunistas, rasgándose las vestiduras y amenazando con abandonar determinadas redes sociales de las que antaño eran dueños y señores porque ahora no les van a dejar vetar aquello que les dé la real gana como venían haciendo hasta ahora.

Toda aquella casta de “verificadores”, pagados por el poder, que eran los encargados, como si de dioses se tratase, de determinar lo que podía o no decirse en las redes, va a pasar al paro, lo que redundará en un mejor y más limpio ejercicio de la libertad individual.

¿Quiénes eran todos aquellos y aquellas para decidir sobre lo que yo podía subir o no a una red social? Pues así era el cuento y eso se les termina. La censura, esa que tanto critica la siniestra salvo que sea la impuesta por ellos, se terminó. Así que marchaos ya de una vez. Nos haréis un gran favor a todos y, en especial, a la libertad.

Eugenio Fernández Barallobre (ÑTV España)

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Política,

Última Actualización: 09/08/2025

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