España lo ha vuelto a hacer, mientras otros países presumen de innovación tecnológica, de avances científicos o de premios Nobel, nosotros hemos perfeccionado el arte de deber dinero. Y no poco. La deuda pública ya supera con creces el 100% del PIB, lo que significa que cada español, desde el recién nacido hasta el abuelo jubilado, debe más de lo que tiene en su cartilla.
Eso sí, no te preocupes, porque el Gobierno nos asegura que la deuda “está controlada”. Claro, igual que un niño controla la bandeja de dulces en Nochebuena.
Lo mejor de todo es la capacidad de vender este agujero negro financiero como un “logro de estabilidad”. Según la narrativa oficial, deber más es señal de solidez. ¡Un aplauso para los genios del marketing económico! Ya puestos, deberíamos proponer al Ministerio de Hacienda como sede de los próximos Juegos Olímpicos, disciplina única: carrera de déficit sin meta.
Y mientras tanto, los intereses de la deuda, esa letra pequeña que no sale en los discursos triunfalistas, se comen miles de millones cada año, pero tranquilo… para eso están los impuestos, las “aportaciones solidarias” y algún que otro invento fiscal. Siempre habrá un bolsillo ciudadano dispuesto a financiar la fiesta.
Quizá lo que nos falta es un poco de imaginación: ¿por qué no transformamos la deuda en producto turístico? “Visite España, el único país donde se vive de prestado, pero con alegría. Disfrute de nuestra paella, nuestras playas y nuestra deuda, patrimonio inmaterial de la humanidad”.
Porque si algo sabemos hacer, es seguir la tradición de “pan para hoy y deuda para mañana”. Y a este ritmo, mañana tendrá que ser eterno.
Salva Cerezo

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Última Actualización: 25/09/2025

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