No se puede disfrutar de las vacaciones. En España hemos descubierto el secreto mejor guardado de la gestión pública, es más rentable apagar que prevenir. Y no lo digo yo, lo dicen las cuentas: 72.000 millones destinados a paliar incendios y apenas 2.700 millones para prevenirlos.
Porque, claro, ¿para qué vamos a gastar dinero en limpiar montes, en planes forestales o en cortafuegos si podemos esperar al verano, montar el circo mediático con helicópteros y bomberos exhaustos, y después salir en la foto prometiendo millones de ayudas que nunca llegan del todo?
Y mientras los pinos crujen, los campos se ennegrecen y los pueblos tiemblan cada agosto, nuestros dirigentes están ocupados en la verdadera prioridad nacional: colocar asesores a dedo.
Miles de ellos, que cobran más que un retén forestal en toda la campaña estival, pero que no saben distinguir un alcornoque de un eucalipto. Porque, al fin y al cabo, ¿qué importa la gestión cuando lo que arde no son las poltronas?
Las autonomías, cada una a lo suyo, compiten en el gran campeonato ibérico de la improvisación. “La culpa es de Madrid”, “la culpa es de la Generalitat”, “la culpa es de la Junta”… El fuego, mientras tanto, se parte de risa viendo cómo los políticos se señalan entre sí mientras él sigue avanzando a su aire, con el viento como mejor aliado.
Y no es solo el fuego: agua, volcanes, inundaciones… siempre llegamos tarde, siempre corriendo detrás de la catástrofe. Eso sí, el informe de la Agenda 2030 bien maquetado, con su logo multicolor y promesas de sostenibilidad en PowerPoint. Porque en el Excel internacional quedamos como unos campeones del compromiso climático, aunque luego la sierra esté llena de maleza y las brigadas forestales pidan socorro por falta de recursos.
El ciudadano, mientras tanto, contempla impotente el humo en el horizonte, sabiendo que el ciclo se repetirá: verano ardiente, promesas políticas, olvido en septiembre y, otra vez, millones que se esfuman sin que nada cambie.
La pregunta es obvia: ¿fallan los presupuestos o falla la voluntad? Quizás el verdadero incendio que devora España no sea el de los bosques, sino el de la codicia y la mediocridad política, un fuego que se propaga más rápido que las llamas y contra el que, de momento, no tenemos cortafuegos, sino el infierno agosteño.
Salva Cerezo

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 18/08/2025

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