La Real Academia Española (RAE) es una Institución fundada en 1713 por el ilustrado Juan Manuel Fernández Pacheco, marqués de Villena con el lema de “limpia fija y da esplendor” al idioma español en el mundo hispanohablante. En la actualidad, la Española como suele conocerse en el mundo académico, está formada por cuarenta y seis miembros que ocupan cada uno un sillón con las letras en minúscula y mayúscula de nuestro abecedario.
La RAE es la encargada de la regularización lingüística del idioma de Cervantes con periódicas revisiones, actualizaciones y publicaciones entre la que destaca el diccionario de la RAE, obra de obligada consulta para todos aquellos que hablamos y escribimos en español y que es de acceso libre en internet.
En este diccionario (DRAE) se encuentran las decenas de miles de palabras que enriquecen nuestro idioma hablado en los cinco continentes. Uno de esos vocablos es el calificativo “cándido” definido como ingenuo, que no tiene malicia ni doblez; simple o poco advertido. Pero lo que mejor define al Cándido en cuestión son los antónimos de cándido: astuto, malicioso, malvado, maligno, perverso, malévolo o malintencionado.
Cándido Conde-Pumpido Tourón es un jurista coruñés de 76 años, nieto e hijo de juristas igualmente y que de los apellidos del padre formó su cognombre para ser más conocido en su día. Este septuagenario fiscal es en la actualidad el presidente del Tribunal Constitucional, cargo al que llegó en el año 2023. Anteriormente, de 2004 a 2011 fue designado por otro gobierno socialista Fiscal General del Estado. No hay duda pues que Cándido es afín al partido de los cien años de honradez y debajo de su toga late un corazón como el de Pablo Iglesias Posse, por cierto, paisano suyo.
El Tribunal Constitucional sito en la calle Doménico Scarlatti de Madrid es el Órgano supremo de la interpretación de la Constitución por lo que es el máximo garante de los derechos fundamentales de todos los españoles. Todos, no solo una parte que habitan en determinada región.
Este Tribunal que no forma parte del Poder Judicial, está formado por doce magistrados que, craso error, son elegidos, cuatro por el Congreso, cuatro por el Senado, dos por el Gobierno y dos por el Consejo General del Poder Judicial. Obviamente, con ese tipo de elección no es de extrañar las decisiones que este Tribunal toma en determinadas ocasiones como la emitida en pasado mes de junio.
Conde -Pumpido fue, como otros tantos magistrados en su día, un jurista de reconocido prestigio hasta que la política llamó a su puerta. En la actualidad es un ególatra de manual y se tiene así mismo muy alta estima – ¿a quién se parecerá? – mostrando permanentemente una rara habilidad para reinterpretar, mejor dicho, vulnerar la Constitución que él debería ser el primero en defender con ahínco. Destaca su falta de ética profesional y su alineamiento ideológico con el PSOE con el que es servil y genuflexo.
Esta actitud suya vil e ignominiosa no es nueva pues no pueden olvidarse sus declaraciones siendo Fiscal General del Estado cuando dijo:” El vuelo de las togas de los fiscales no eludirá el contacto con el polvo del camino” en clara alusión a las relaciones de su Fiscalía, el Gobierno y la banda terrorista ETA. La toga de este sujeto no hay ni detergente, ni lavadora ni lavandería que la limpie. Sencillamente, está empercudida hasta más no poder.
Creo que a este fiel servidor del Gobierno no le preocupa ni la suciedad de su toga ni su olor. Desde que Rodríguez le otorgó el cargo de Fiscal General se ha acostumbrado a vivir con la toga manchada y mancillada. La última mancha es de hace unas semanas, pero su origen se remonta al año 2017.
El 1 de octubre de 2017, siendo presidente Mariano Rajoy se celebró un referéndum ilegal en Cataluña con el fin de proclamar a esta región española un Estado independiente. La participación no fue ni mucho menos mayoritaria ya que alcanzó un 43%.
El 27 de octubre de ese mismo año, se aprobó en el Parlamento catalán la declaración unilateral de independencia que no fue reconocida, obviamente, por ningún país y que duró lo que canta un gallo.
Tras esos gravísimos y vergonzosos sucesos llevados a cabo en un Parlamento autonómico y por tanto español, vistos en todo el mundo, la Justicia a través de la sala de lo penal del Tribunal Supremo juzgó a dieciocho políticos catalanes. La acusación estuvo formada por la Fiscalía del Estado, la Abogacía del Estado y como acusación particular el partido VOX.
El 14 de octubre de 2019 el magistrado Manuel Marchena emitió una sentencia en la que fueron condenados una serie de parlamentarios que no huyeron tras la proclamación independentista del Estado republicano catalán. El principal causante de todo este gravísimo e histórico suceso aun se encuentra huido en Bélgica y desde la distancia maneja al actual gobierno como si fuera un guiñol. El nombre del forajido es Carlos Puigdemont.
El 22 de junio de 2021 el gobierno de coalición PSOE-Podemos indultó a todos los condenados en el proceso independentista catalán que pudieron ser juzgados. Una vez más, el presidente del partido de los cien años de honradez, indultaba a unos delincuentes de gran calado como también lo fueron los implicados por los ERE de Andalucía entre los que la mayoría eran altos cargos socialistas.
Pero este suceso gravísimo no acababa aquí. Los implicados no sólo querían el indulto sino el perdón del delito que extingue la responsabilidad de sus autores, es decir la amnistía y forzaron a Su Sanchidad a aceptarla bajo amenaza de no apoyarle en su legislatura.
Inicialmente, la Catedrática de Derecho y vicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo declaró que “la amnistía no era planteable en un estado Constitucional y de Derecho”; otro jurista como Grande Marlasca se pronunció en estos términos “la amnistía no está reconocida en el ordenamiento jurídico”; Marisú Montero que habla de todo y no sabe de nada, antes de ser paciente en diversas unidades de quemados, con su prosodia característica matizaba que “la amnistía era inconstitucional “; Pedro Sánchez en una conocida cadena de televisión muy serio y digno afirmaba que” este gobierno no va a aceptar la amnistía porque es inconstitucional”.
Como para los miembros de este Gobierno sus palabras no tienen valor alguno y como no conocen la dignidad y el honor, dónde dijeron “digo” luego dijeron “Diego” y la amnistía dejó de ser inconstitucional y pasó a ser un derecho recogido en la Carta Magna para favorecer a unos perfectos delincuentes.
Así, el 26 de junio el Tribunal que preside Cándido –conózcasele mejor por sus antónimos, malicioso, maligno, perverso, malévolo o malintencionado – aprobó por seis votos a favor y cuatro en contra la ley de amnistía por lo que se borran los delitos cometidos en el marco del proceso independentista.
Los magistrados que dieron por buena la amnistía fueron además del presidente del Tribunal, los siguientes Inmaculada Montalbán (ponente), Ramón Sáez, María Luisa Balaguer, María Luisa Segoviano y Laura Díez, todos ellos con claro aroma socialista en sus togas. Sus nombres han quedado en la memoria de la indignidad judicial.
La ponencia de poco más de 200 páginas donde se justifica la amnistía está repleta de párrafos ininteligibles, absurdos y esperpénticos más propios de Góngora donde parece que la autora busca la dificultad en el lenguaje para que el lector ante tanta complejidad sintáctica no sepa lo que lee.
Me temo que “una vez abierto el melón” de las amnistías este débil corrompido gobierno estará dispuesto a ceder nuevamente ante otro socio suyo, el partido aritmético (Sumar) y dará el visto bueno a una futura petición del ministro de Cultura, un tal Urtasun, que odia vivamente a la fiesta nacional.
Es sabido que en la tauromaquia puede indultarse a un toro bravo por su bravura y comportamiento en la plaza. Urtasun va más lejos y quiere amnistiar a los siguientes astados: Bailaor, Islero, Avispado y Burlero todos ellos de acreditadas ganaderías.
Cándido ya ha ordenado elaborar la ponencia a un viejo conocido de Pedro Sánchez, el ex ministro y actual magistrado de “su” Tribunal – el de Cándido – el sevillano Juan Carlos Campo Moreno gran entendido en el arte de Cúchares.
¿Amnistías?, las que hagan falta para que Su Sanchidad siga en la Moncloa. De eso se encarga el servil Cándido siempre en primer tiempo de saludo ante su también “puto amo”.
Mauro Velasco (ÑTV España)