8 de diciembre de 1898.
A miles de kilómetros de la España peninsular, un pequeño destacamento de soldados españoles llevaba ya más de siete meses resistiendo el asedio en la iglesia del pueblo de Baler, en la isla filipina de Luzón.

​Habían sido enviados durante los últimos años de la presencia española en Filipinas, con la misión de mantener el control del territorio y proteger la población española y los intereses de la corona. Sin embargo, la guerra con los insurgentes filipinos y la falta de comunicación con el resto de las fuerzas españolas dejó a la guarnición completamente aislada.

Cercados en la iglesia-fortín, debilitados y casi sin víveres, los soldados sobrevivían gracias a una dieta mínima de arroz en mal estado. Muchos habían sucumbido a la enfermedad del beriberi, y aquel mismo día caía también el soldado Rafael Alonso Mederos.

​En medio de aquella situación extrema, cuando todo parecía perdido, los defensores volvieron la mirada a su refugio más hondo: la madre del Cielo. Celebraron la festividad de la Inmaculada Concepción con una misa solemne, oraciones fervientes, cantos marianos y la renovación de promesas y votos a la Virgen, su Madre y Patrona.

​Con las reservas prácticamente agotadas, los supervivientes improvisaron una comida simbólica en su honor: unos sencillos buñuelos, unas latas de sardinas y un poco de café. Aquella mesa pobre, alzada en mitad del hambre y la enfermedad, se convirtió en un acto de dignidad y esperanza.

​Así vivieron “los últimos de Filipinas” la Fiesta de la Inmaculada: fieles, firmes y heroicos, encarnando hasta el final el espíritu hispánico de resistencia, honor y entrega.

​Todavía tendrían que pasar casi seis meses más para que los 35 sitiados supervivientes en Baler pudieran salir de la iglesia. Lo hicieron el 2 de junio de 1899, formando en línea, con los oficiales al frente y sus armas colgadas, tras 337 días de asedio, recibiendo honores de parte de los sitiadores filipinos por su heroica resistencia.

​Como aquellos sitiados en 1898, hoy, nosotros, españoles, así como todos nuestros pueblos hermanos de América y Filipinas, volvemos la mirada a nuestra Madre Inmaculada, pidiéndole que vele por nosotros en estos tiempos tan convulsos.

Carlos españoles de a pie.

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Última Actualización: 08/12/2025

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