Hubo un tiempo, que algunos recuerdan con cariño y otros con urticaria, en que “hacer el agosto” no significaba subir el alquiler de un cuchitril playero a precio de suite dubaití, ni cobrar diez euros por una caña con tapa de aire. No, señores. “Hacer el agosto” era sinónimo de trabajo duro, sol a plomo, y recoger la cosecha a tiempo si no querías pasar el invierno como cigarra de fábula arrepentida.
Cervantes ya lo dejó claro en su obra «La gitanilla»: si la vieja no daba abasto para contar los cuartos, era porque la ocasión la pintaba calva, y había que aprovecharla sin pestañear. Porque antes, querido lector, agosto era mes de faena, de sudor, de trigo y vendimia. No de historias en Instagram ni sombrillas en tercera fila.
Pero… ¡ay! cómo han cambiado los tiempos. Hoy el que “hace el agosto” es el que tiene terraza con vistas al caos, aire acondicionado en el Airbnb, o una licorería en el centro de Barcelona.
Porque ahora, el 90% del país se va de vacaciones en agosto. Es el nuevo mandamiento nacional: descansar todos a la vez, para estresarse todos a la vez… también.
Y mientras los turistas hacen cola para comer arroz con «cosas» a precio de bitcoin, los vecinos de toda la vida se desesperan. “Masificación”, gritan. “Gentrificación”, protestan. Y no les falta razón. Porque sí, el turismo da de comer… pero también da dolores de cabeza. Y en algunos casos, hipotecas imposibles, alquileres de ciencia ficción y colas en el ambulatorio que duran más que el veraneo en Gandía.
El problema no es hacer el agosto, sino hacerlo sin pensar en el invierno. Especulación inmobiliaria, licencias sin control, servicios saturados… y todo para llenar los bolsillos en dos meses y sobrevivir diez como alma en pena, mientras te fríen a impuestos.
Antes, “hacer el agosto” era cosa de hormigas con callos. Hoy lo hacen las cigarras, pero con asesor fiscal. Y si no te gusta, te dicen que te mudes. Aunque claro, con los precios actuales, eso de mudarse es más fácil decirlo en sueco que hacerlo en español.
Así que brindemos, con sangría de bote, por el nuevo refrán del siglo XXI:
«Haz tu agosto… aunque el resto del año vivas en un Airbnb prestado, sin vecinos, sin pediatra y con tres franquicias por portal.”
España, tierra de sol, de playa… y de oportunidades. Para el que sepa vender helados en mitad del incendio.
Salva Cerezo