“La dignidad no consiste en tener honores, sino en merecerlos” Aristóteles

“Con la dignidad no se come”

Desconozco de quien es esa frase, pero es falsa. Debería decir “Con la dignidad se come menos, pero se come mejor” Y sobre todo se vive mejor, mucho mejor.

Hablamos de dignidad en las personas cuando estas, en su comportamiento, lo hacen con gravedad, decencia, caballerosidad, nobleza, decoro, lealtad, generosidad, hidalguía y pundonor. Un comportamiento contrario a lo enumerado nos lleva a la indignidad y nos desciende a la categoría de indigno, haciendo que vivamos en una permanente ignominia, aunque nademos en una piscina de riquezas y poder. Cuando la dignidad huye de la persona indigna, su lugar es ocupado por la ignominia que acompañará a esa persona de por vida.

Hoy y en esta sociedad, salvo excepciones, la dignidad está demodé, ha sido enterrada en los oscuros y sucios albañales de la modernidad, el relativismo y la adoración al becerro del consumismo, Sobre todo a ese becerro que ha sustituido al becerro de oro bíblico. Hoy y para disponer de poder de consumo se vende la dignidad, la honra y las ingles; y si es necesario se vende la dentadura postiza de la abuela.

Pero si alguien cree que la dignidad no se asienta en las gentes del común, está absolutamente equivocado. La dignidad que queda en España está depositada en los ciudadanos del común, en los hombres y mujeres que todos los días salimos a trabajar. Somos las gentes del común, los ciudadanos corrientes que vivimos de nuestros trabajos, los depositarios de la cada vez más ausente dignidad.

Políticos, intelectuales, periodistas, togados con collares colgando de sus orondos cuellos, presidente del gobierno, ministros, empresarios pringados y un largo etcétera de ese abigarrado zoológico de especímenes indignos que lo ensucian todo con la mácula de su indignidad, porque la dignidad está ausente de su pecho, si es que alguna vez tuvieron dignidad; y si la tuvieron, la enterraron bajo el vertedero de sus indignidades a cambio de bienes perecederos y de pasar a la historia por su ignominia.

Las caras de los seis togados que han avalado la amnistía han sido publicadas. Por más que quiero buscar en sus rostros un mínimo atisbo de nobleza, no lo hallo. Me pasa igual con los rostros de Pedro Sánchez, Ábalos, Koldo, Cerdán, Leire, Bolaños etc. Ni el más mínimo atisbo de nobleza, de integridad, de honestidad. Ya sabemos que la cara es el espejo del alma…si estos tienen alma.

Indignidad es la cualidad – puede que la única cualidad – que posee el indigno. Los sinónimos son varios entre los que figuran: deshonor, bajeza, vileza ignominia… El antónimo de indignidad es solo uno: dignidad. Dignidad es la cualidad de digno que es la persona que no ha perdido ni vendido su dignidad, su mérito, su honor, su lealtad, su valor.

La dignidad es ontológica, es decir con la que todos nacemos. Con nuestro comportamiento social pasa a ser dignidad moral o indignidad. Es el momento en que el ser humano vende su dignidad por un plato de lentejas con algo de poder y algo de dinero que para nada le van a servir, salvo para esclavizarlo. Se preguntarán que puede que algunos ya nazcan sin dignidad y carezcan de la dignidad ontológica y moral…puede que sí.

Los comportamientos sociales que estamos viendo en los últimos años de personajes públicos del gobierno, la política, la justicia y los medios de comunicación, nos dicen que puede que estos personajes carezcan de la dignidad ontológica y moral y que, si en algún momento de sus vidas la tuvieron, dejaron de ser vírgenes en esto de la dignidad a edades tempranas.

En el acervo popular hay una frase de Concepción Arenal que dice: “La dignidad es el respeto que una persona tiene de sí misma y quien la tiene no puede hacer nada que lo vuelva despreciable a sus propios ojos”

Estos se ven y se saben despreciables, pero se lo tapan con los fétidos ropajes del poder y el dinero.

Manuel del Rosal García (ÑTV España)

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Política,

Última Actualización: 03/07/2025

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