El feminismo añade cada día tantas nuevas normas y reglas de conducta, que para la aspirante a feminista resulta cada vez más complicado tener una idea clara de lo que tiene que hacer para ejercer debidamente su ideología. Existen muchos libros al respecto, pero en general sus autoras se muestran demasiado abstractas y confunden a sus lectoras más de lo que las instruyen.

Para acabar con esta laguna en la bibliografía feminista, me he propuesto compartir unas prácticas y concisas instrucciones que, me atrevo a predecir, seguidas con aplicación convertirán a cualquier mujer en un modelo de feminismo.

Para adelantarme al eventual reproche que se me podría hacer, a saber, que un hombre no es el más indicado para dar estas instrucciones, advierto que durante la redacción de las mismas me he autopercibido como mujer. Salvado este escrúpulo, paso directamente ad rem.

1- Descuida tu higiene.

No ignoro que algunas feministas pretenden que este punto no es imprescindible, pero la prueba de que se equivocan es que ellas mismas, cuando advierten que una mujer deja un tufo a su paso, reconocen al instante a una camarada y no dudan en llamarla «hermana».

La falta de aseo tiene además dos grandes ventajas: en primer lugar, el ahorro en productos de higiene redunda en la economía de la feminista, lo que hará que se sienta más empoderada; en segundo lugar, como el hombre ha humillado históricamente a la mujer (no dejando que acudiera a la guerra para ser masacrada o amputada en sus miembros, prohibiéndole los trabajos pesados o denigrantes, dejando que fuera la persona más amada por sus hijos, etc.), es justo que ella se vengue ahora apestando al hombre, y que éste se vea obligado a taparse la nariz cada vez que una feminista pasa a su lado. Así aprenderá.

2- Odia a la Iglesia católica

Y que sea un odio activo. Insúltala siempre que tengas ocasión, échale la culpa de todos los males habidos y por haber, culpa a todos los sacerdotes de las faltas de unos pocos, desprecia a las monjas por tener la osadía de no ser esclavas de la libido. Algunos católicos pretenderán convencerte de que la religión católica supuso una gran mejora para la mujer, aportando ejemplos del trato que se le daba anteriormente en la Antigua Grecia y en el Imperio romano.

No les hagas caso. Puede que citen a todas las mujeres católicas importantes, como santa Juana de Arco, Isabel la Católica, Hildegarda de Bingen, santa Clara de Asís, etc., o escritoras como santa Catalina de Siena, santa Teresa de Jesús, Juana Inés de la Cruz, etc.

No te dejes intimidar por todos esos nombres que apenas conoces, y sobre todo guárdate de estudiar sus vidas, pues muchas que han caído en esa tentación no han vuelto jamás a ser feministas e incluso se han convertido en católicas. Por otra parte, responde que también el feminismo tiene grandes escritoras que pasarán a la Historia, y como ejemplo puede citarse a la genial…, o a la erudita…

3- Culpa siempre al heteropatriarcado

No importa en qué situación o bajo qué pretexto. Es frecuente que las feministas novatas crean que primero hay que buscar motivos verosímiles para culpar al heteropatriarcado y sólo después expresarlos. Este es un método anticuado y que reduce drásticamente las posibilidades. Al contrario, la nueva escuela ha encontrado un procedimiento mucho más efectivo y sencillo invirtiendo el orden: ahora lo principal es culpar al heteropatriarcado de cualquier cosa, y una vez adoptada la acusación como un hecho irrebatible, comenzar a fabricar un pretexto, buscando cuadrar la acusación.

Ejemplo: si por tu poca pericia en la conducción estrellas contra una farola el coche que te regaló papá, culparás inmediatamente al heteropatriarcado por el accidente, y después te las ingeniarás para que la acusación parezca verosímil, como por ejemplo, que no te hubieras estrellado contra la farola si Edison no hubiera inventado la bombilla, o que eso no hubiera pasado si papá no hubiera tenido la ocurrencia de comprarte ese coche sólo porque lloraste tres o cuatrocientas veces.

4- Terapia felina

Tendrás un gato sobre el que descargar todas tus carencias afectivas, tanto pasadas como presentes. En realidad el gato nunca te querrá, y te cambiaría por una lata de sardinas en cualquier momento, pero si lo mantienes bien alimentado fingirá lo mejor que pueda.

5- Tatuajes, pelo, aspecto en general

Los tatuajes son para la feminista lo que las insignias para el militar: determinan su rango sin necesidad de declararlo. No sólo se trata de la cantidad de tatuajes, aunque también es importante, sino de su simbología. Cuanta mayor relación tengan con el feminismo, mayor es el respeto que infundirás sobre las demás feministas, quienes te admirarán como si fueras un museo itinerante del feminismo. El corte de pelo debe ser preferiblemente corto, aunque con tal de que sea feo la extensión no importa demasiado.

Debes teñirlo con colores llamativos, porque en la naturaleza los animales en que predominan ese tipo de colores son venenosos, y tú debes dar una impresión de peligro, de valentía, de intrepidez, cosas que la naturaleza no te ha dado, pero que puedes suplir con el arte. El vestuario deberá darte un aspecto descuidado, aunque tardes más para lograrlo de lo que tarda una mujer en lograr un aspecto cuidado. Para lograr este objetivo más fácilmente somete tu ropa a largas abstinencias de agua (ver punto 1).

6-Exhibicionismo

Todo el mundo sabe que los machistas sufren un gran disgusto cuando una feminista enseña los pechos en una manifestación, pero además lo puedo corroborar por un testimonio. Un amigo psicólogo me ha confiado que en sus consultas se forman largas colas los días posteriores a una manifestación feminista, que los pacientes son todos machistas que presentan un cuadro de estrés postraumático, y que si no fuera por ellos apenas tendría para dar de comer a sus hijos. Con este dato sobran otros argumentos, al menos para aquellas que tengan un poco de corazón.

He publicado sólo los seis primeros puntos de mis Instrucciones para ser una buena feminista; en razón del éxito que tengan entre el público publicaré los demás puntos, siempre que previamente las lectoras se comprometan a mostrar su gratitud por mis esfuerzos con una generosa donación, para la tramitación de la cual se pondrán en contacto con esta revista.

Alonso Pinto Molina  (ÑTV España)