Ayer Andalucía celebraba su día. Banderas verdes y blancas ondeando, discursos institucionales hablando de identidad, futuro y esperanza. Gazpacho, sevillanas, sonrisas protocolarias y esa sensación tan nuestra de que, pase lo que pase, aquí siempre hay tiempo para una buena foto.
Y mientras tanto… al otro lado del mundo, misiles.
Porque resulta que, mientras en España se repartían medallas autonómicas, Estados Unidos e Israel decidían enviarle un mensaje contundente a Irán. Ya sabes, diplomacia moderna, cuando las palabras sobran, que hablen los drones.
¿Y ahora qué?.
Esa es la pregunta incómoda. Porque el mundo tiene la mala costumbre de no detenerse cuando nosotros estamos de fiesta. Es como si la geopolítica no consultara el calendario laboral andaluz antes de encender la mecha.
Mientras aquí debatimos si la tortilla lleva o no cebolla, allí se discute con artillería pesada. Mientras brindamos por la autonomía, otros redefinen el equilibrio nuclear. Cosas menores.
Lo fascinante es la capacidad humana para compartimentar la realidad. Podemos tener el móvil vibrando con alertas de bombardeos y, en el mismo gesto, subir a redes una foto con la etiqueta de «OrgulloAndaluz». El algoritmo no distingue entre una romería y un conflicto internacional. Todo es contenido.
¿Y ahora qué?.
¿Escalada?
¿Respuesta proporcional?
¿Reunión urgente del Consejo de Seguridad?
¿Declaraciones solemnes cargadas de preocupación profunda?
Ya conocemos el guion. El mundo moderno funciona como una serie interminable en la que cada temporada necesita un villano más grande que la anterior. Y cuando creíamos que el tablero estaba suficientemente caliente, alguien decide subir un grado más el termostato.
Lo irónico es que siempre nos pilla “por sorpresa”. Como si las tensiones en Oriente Medio fueran un fenómeno meteorológico imprevisible. Como si no lleváramos décadas acumulando pólvora geopolítica en la misma estantería.
Y mientras tanto, aquí seguimos con nuestros debates domésticos, convencidos de que el ruido local es el centro del universo. Hasta que el universo nos recuerda que no lo es.
¿Y ahora qué?.
Tal vez nada.
Tal vez mucho.
Tal vez dentro de unos días todo vuelva a la normalidad informativa y el foco cambie a otro incendio. Porque vivimos en la era del sobresalto permanente, si no hay alarma, parece que el sistema se aburre.
Lo inquietante no es solo el ataque. Lo inquietante es la sensación de costumbre. Nos estamos acostumbrando a que el mundo se mueva al borde del abismo como quien pasea por la orilla del mar sin mirar las corrientes. Y tú sabes bien, querido lector, que el mar puede estar en calma mientras debajo se forman remolinos.
Celebramos. Bombardean. Comentamos. Olvidamos.
¿Y ahora qué?.
Quizá esa sea la pregunta más peligrosa de todas cuando empieza a formularse con demasiada naturalidad. Mientras lo descubrimos, vaya por delante mi felicitación a esa gran Comunidad andaluza.
Salva Cerezo

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Sociedad,

Última Actualización: 01/03/2026

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