Ya estamos hartos, hasta…, bueno ya saben hasta dónde, de la utilización de la descalificación personal, cual arma arrojadiza, por parte de esa izquierda progre, carente de estilo y de ideas que no sean esas del empleo del insulto sin otro tipo de argumentación.

La falta de capacidad dialéctica; la falta de estilo personal del que carecen absolutamente; la mediocre oratoria de la que suelen hacer gala fruto de la escasa formación intelectual que poseen, convierten las intervenciones de la inmensa mayoría de los socialistas y de la totalidad de comunistas, podemitas, sumandos y demás patulea tan solo en la enumeración de una colección de insultos convertidos en su única argumentación, algo que sirve para que se autorretraten, poniendo en evidencia su escasa cualificación moral y personal.

Ya está bien de que a todo aquel que no siga sus postulados, miserables y caducos, al pie de la letra, se le tilde de “facha” o que, a aquella que se duche y se arregle todos los días, se le tilde “mujer florero”. Ya está bien de que se descalifique, gratuitamente, a todo aquel que no les ría las gracias y que no se ajuste, en función de esa supuesta “superioridad moral”, de la que presumen y, sin embargo, carecen, a los postulados exigidos por la cultura de lo “políticamente correcto”, marcada por ellos mismos.

Todo tiene que ajustarse a ese discurso oficial, pergeñado por la izquierda y la ultraizquierda, en el que, en ocasiones, por ese afán insano del “quedabien” y por la gran cantidad de absurdos complejos, le entra al juego esa derechona cobarde que prefiere ponerse de perfil antes de rebatir y desmontar la sarta de tonterías y estupideces que conforman el discurso de los de la siniestra.

Si hay algo de lo que no cabe la menor duda es del lamentable nivel dialectico imperante en España, de manera especial desde la entrada en escena de la maldita podemía y sus adláteres. Su falta de preparación, propia de un nivel de estudios de primaria; sus ínfulas chulescas, derivadas de su ignorancia insana; la falta de categoría en la oratoria y en la dialéctica, más propia de vocingleras asambleas universitarias en facultades de tercer orden en las que tan solo podían hablar ellos, sin admitir crítica alguna a sus postulados, ya que, de haberla, era reprimida de inmediato por todos sus secuaces y fieles lacayos, contando con el silencio cómplice de la mayoría acobardada, convierten sus intervenciones públicas, en cualquier escenario, en un canto permanente a la demagogia y al mal estilo, supliendo todas sus carencias con el recurso del insulto y la descalificación a todo aquel que consideren su enemigo político.

La presencia de todos estos especímenes siniestros -nunca mejor usada la expresión- en la política española, mayoritariamente “comunistas de salón” -esos que en cuanto pisan moqueta de verdad dejan de vivir en barrios obreros para trasladarse a chalets con piscina y vigilancia exterior o mutan su atuendo zarrapastroso por modelitos que estrenan todos los días- nos está conduciendo, no solo a la más absoluta pérdida de valores, sino también a convertirnos en el hazmerreír del mundo entero y, en especial, de los países que nos rodean.

España se ha trocado en un país en el que eres perseguido por no llamar “mujer” a un hombre de barba y pelo en pecho, provisto de sus correspondientes atributos masculinos; en el que está más protegida una inmunda rata de alcantarilla que un niño no nacido; en el que si no sigues las pautas marcadas por esa perversa agenda 2030, de la que son unos de sus principales adalides, eres señalado con el dedo acusador; en la que por lucir con orgullo la Bandera Nacional te llaman facha, al igual que por proclamar que tanto la amnistía a los delincuentes traidores, como la pretensión de desmembrar España van abiertamente contra la Ley y por tanto, no pueden aplicarse.

Vivimos en el país del absurdo, del ridículo, de la ignorancia más supina provocada por la presencia en la política del inculto populismo y de sus patéticos secuaces, esos que se tildaban de demócratas pero que les encanta gobernar a base de Decretos Leyes y que se alían con todo el lumpen de la escena política con el fin de perpetuarse en el poder y seguir viviendo de la sopa boba a sabiendas de que lo que perciben por ocupar sus escaños -las bancadas lame traserillos que ovacionan con fervor a sus líderes, digan lo que estos digan- no lo van a recibir en parte alguna, por el simple hecho de que la inmensa mayoría de ellos no tienen la capacitación intelectual mínima para ocupar un puesto, ni siquiera medianamente relevante.

España, los españoles, tenemos que despertar de una vez por todas. No es tolerable que permitamos, sin poner el grito en el cielo, que nos gobierne esta caterva de incultos e indocumentados que quiere llevarse a nuestra Patria por delante, vendiéndola al mejor postor -un miserable puñado de votos- para ellos perpetuarse en el poder. No es tolerable que permitamos, con total impunidad, que toda esa partida de indocumentados asalte las Instituciones como si de una república bananera, al más rancio estilo bolchevique-bolivariano, se tratase.

No es tolerable que permitamos que a nuestra juventud la formen partiendo de los postulados esgrimidos por estos miserables, adoctrinándola, e inculcándoles el culto permanente a lo “políticamente correcto” lo que la convierte en una generación de ignorantes por mucho que sepan de redes sociales y del uso de teléfonos móviles.

En definitiva, no es tolerable que permanezcamos callados ya que de hacerlo nos convertiríamos en cómplices necesarios en la comisión de un delito de lesa patria.

EugenioFernández Barallobre (ÑTV España)