Este pasado miércoles 9 de julio asistimos, una vez más, a la gran farsa de la “democracia parlamentaria” en España. Un teatro siniestro basado en la mentira donde los delincuentes campan a sus anchas y los periodistas a su servicio reinterpretan y deforman los hechos y las palabras a su antojo.
Pero, ¿ qué burda mascarada es esta en la que los políticos ocultan sus enjuagues encizañando al personal con ideologías? ¿De qué “democracia” habla el Partido que pone todo su empeño en imponer por la fuerza un “relato” que acomode en cada instante la realidad a sus intereses?
¿Qué “democracia” invocan quienes son capaces de robar las elecciones de su propio partido; ocupan y corrompen las instituciones; crean leyes de adoctrinamiento; compran periodistas con dinero público y azuzan el odio contra quien piensa distinto?
¿Qué “democracia” es esa donde el Gobierno ataca la división de poderes, la “presidenta” de las Cortes se dedica a censurar el diario de sesiones, o donde se expulsa de la sede de la Soberanía Nacional a periodistas incómodos para el Régimen1? ¿Qué “democracia” dice defender un Partido sostenido por una gigantesca red clientelar pagada con el dinero de todos?
¿Y qué otra palabra sino “farsa” define mejor a un Parlamento donde se puede mentir impunemente y etiquetar de “fascistas” a quienes cumplen las leyes? ¡Donde está prohibido llamar “filoterroristas” a los filoetarras y “golpistas” a los condenados por dar un golpe de Estado!
Recordemos, por cierto, que todo este teatro corrupto y nauseabundo viene de antiguo, pues, durante décadas los socialistas de todos los partidos, muchos periodistas y el nutrido rebaño de los tibios y acomplejados han llamado “fascistas” a los asesinos de ETA, aun cuando dicha organización se ha proclamado siempre inequívocamente socialista. Y ahora, “naturalmente”, en una nueva vuelta de tuerca, los socialistas de todos los partidos y buena parte del periodismo nos imponen que los herederos de ETA son ¡“demócratas”! O, más bien, “socialmente afines” al Partido, que diría Stalin.
Pero sigamos con la sesión parlamentaria del miércoles 9 de julio de 2025, forzada por el enjuiciamiento de los dos últimos jefes de Organización del PSOE y manos derechas sucesivas del Secretario General del Partido.
Después de cimentar su Gobierno en la división de los españoles, en la propaganda y la persecución sistemática de sus oponentes, el todavía presidente del Gobierno se hacía la víctima diciéndose “decepcionado” con quienes él mismo nombró… y se presentaba como ¡“un hombre limpio que lidera un partido ejemplar”! Lógicamente, sus socios golpistas reafirmaron su apoyo al capo socialista y, como está mandado, su ministra Yolanda Díaz afirmó “creer en la honradez” (¡!) del líder.
El jefe del PSOE se defendió de las acusaciones de corrupción amparándose en lo de siempre, el “y tú más” y “que viene el lobo”. Aunque, de nuevo, recurriera a una enorme impostura. En esta ocasión, la carta empleada para asustar y mantener movilizados a sus fieles fue una noticia falsa inventada por “Lo País” acerca de un presunto y muy malvado “plan de VOX para expulsar a ocho millones de inmigrantes”.
Un bulo ridículo replicado machaconamente por el equipo de manipulación sincronizada al servicio del Gobierno. Y habrá quien piense que una trola semejante tiene las patas muy cortas y que se volverá contra quien la lanzó, pero tras décadas criminalizando cualquier oposición al Partido como “ultraderecha”, en la escuela, el instituto, la universidad, la radio, la televisión, el teatro, el cine y los museos… hoy hay millones de fanáticos dispuestos a identificar al “otro” como un monstruo “fascista”, a odiarle con todas sus fuerzas y a justificar cualquier tropelía.
Llevamos ya mucho tiempo en ese punto en el que una parte de la población consiente que “los suyos” se consideren por encima de la ley y gocen de impunidad. Y ni se plantean la brutal contradicción de considerarse “demócratas” mientras alientan, respaldan, toleran o justifican la “cancelación”, silenciamiento o agresión de quienes no piensan como ellos. ¿Pero qué “democracia” va a haber si el Partido y quienes lo sustentan consideran “democrático” impedir la alternancia política?
El mismo día 9, dos días después de divulgarse la mencionada insidia contra VOX, el periodista gubernamental Javier Ruiz la convertía en eje central del programa “Mañaneros 360” –en la Televisión pública pagada con el dinero de todos– y su colega Rodrigo Blázquez de “La Secta” afirmaba que la pantomima parlamentaria había dado un balón de oxígeno a Sánchez y que “la gente” prefería un Gobierno progresista a la “ultraderecha que quiere expulsar a ocho millones de personas”.
En el colmo de la indecencia, inducido por el mismo director de “Mañaneros 360”, uno de sus tertulianos, Carlos Sánchez (director adjunto del diario “El Confidencial”), aprovechaba para exponer un “argumento” absolutamente delirante según el cual la presidente de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso criminalizaba injustamente a los inmigrantes sudamericanos, “la mayoría ilegales” –atreviéndose el periodista a estimar a ojo como ilegales “un 70, 80 o 90 por ciento” de un total, también a ojo, de un millón–, “cuando son el pilar del crecimiento económico de Madrid”.
Esto es, encadenando un sofisma tras otro para meter al PP y VOX en el mismo saco de la “ultraderecha” y demonizar así a la oposición en bloque como un atajo de xenófobos locos –“bárbaros” fue la expresión empleada esta vez–, enemigos de la “clase obrera”.
Por cierto, que no hace tanto que Inés Arrimadas se entregaba a la misma demagogia barata contra VOX a propósito de la denuncia del partido presidido por Santiago Abascal del notable incremento del número de violaciones por manadas de magrebíes. Recordemos aquello de: “desde los que quieren que se abran las fronteras y que venga quien quiera, hasta los que quieren construir un muro en África, pasando por los que nos encontramos en posiciones más centradas […]”
Como ya hemos expuesto en más de una ocasión, cuando alguien necesita mentir para “tener razón” o se apoya en falsedades para “respaldar” sus ideas, no sólo se envilece sino que se desacredita. Y por mucho que una mentira se repita muchas veces no se convierte en verdad. Miente Sánchez cuando dice “haber considerado su dimisión” por ser la “solución más sencilla para él y su familia”, sabiendo que, sin su aforamiento, iría a la cárcel. Y miente otra vez cuando dice haber “asumido su responsabilidad” y sigue en el cargo.
Por otra parte, Feijoo se retrata cuando niega con el dedo haber pactado el reparto del Tribunal Constitucional con el PSOE, creyendo que engaña a alguien atribuyendo la responsabilidad a Pablo Casado, su compañero de partido… pero se retrata más todavía cuando pone cara de póker para no responder el reiterado desafío de Gabriel Rufián, reconociendo de facto que no derogará la Ley de Amnistía. Esa ley inconstitucional avalada por un Tribunal Constitucional pactado por PSOE y PP, precisamente, para aprobar la Amnistía.
Lo dicho, ni democracia, ni decencia. Sólo un enorme tinglado, una farsa colosal llamada partidocracia que socava sin descanso los conceptos de Verdad, Libertad, Justicia y Nación. Con un mismo perjudicado: los españoles.
Filípides (ÑTV España)