Dicen que lo bueno se hereda, aunque a la vista de lo que nos toca, más que herencia parece un embargo. Si logramos sobrevivir políticamente a Pedro Sánchez, que ya es mérito de resistencia ciudadana, el gobierno que venga tendrá que enfrentarse al esqueleto que queda en la caja, ruina, facturas sin pagar y un puñado de promesas envueltas en celofán ideológico.
Pero tranquilos, que la solución es de manual. No hace falta inventar la pólvora, ni subir impuestos, ni tocar las pensiones de nuestros mayores. Bastaría con aplicar tres principios básicos de higiene política:
Dividir por tres el coste del Estado, menos coches oficiales, menos asesores que parecen clonar setas tras la lluvia y menos chiringuitos ideológicos. Eliminar las subvenciones peregrinas, esas que financian proyectos tan útiles como el estudio del estrés emocional de los caracoles o la influencia del reguetón en la autoestima de los cactus.
Y por último, suprimir a los amancebados, no hablamos de Romeo y Julieta, sino de esa legión de allegados, cuñados y amigos de amigos que cobran del erario sin que nadie sepa exactamente qué hacen, aparte de apoyar con entusiasmo cualquier discurso del “líder supremo”.
Lo cierto es que la verdadera felicidad de este país no depende de las ocurrencias del gobierno de turno, sino, como ya dijo Marco Aurelio, de la calidad de nuestros pensamientos. Y tal vez haya que empezar a pensar en calidad… porque con tanta mediocridad heredada, nos vamos a quedar hasta sin testamento.
Salva Cerezo

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Última Actualización: 22/09/2025

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