La Ley Montero cumple un año, un sólo sí es sí que ha protagonizado la exultante alegría de una Irene Montero loca de orgullo y magnificación.
Junto a ella cientos de agresores sexuales se han extasiado con la oportunidad de la rebaja de penas y hasta con la excarcelación. Motivo triunfal de celebración que se fija como una espada de Damocles sobre el cuello de millones de mujeres desprotegidas y que conforman una bola al azar de esta extraña y estulta lotería pergeñada por mediocres que han ejercido, con miserable incapacidad, como leguleyos de tres al cuarto, montando un estropicio moral y legal de difícil solución cuando el marrullero de La Moncloa en funciones se apresta a renovar legislatura con el beneplácito de violadores y enemigos de España.
Una minorías destructivas muy bien avenidas por la continuidad de lo mediocre y la execrable composición de un detritus generalizado que se materializa en un frentepopulismo siglo XXI, muy capaz de mayores destrozos contra España. Con razón, Irene Montero está que se sale de felicidad: nunca una cajera llegó tan alto, tan miserable e impunemente alto dejando un rastro de cadáveres por donde pasa.
Ignacio Fernández Candela (ÑTV España)