Los socialistas a lo largo de su oscura historia se han distinguido por una innegable actitud propia de matones, al más rancio estilo de “barrio chino” de baja estofa. Ya su fundador, el ferrolano Pablo Iglesias en su calidad de Diputado a Cortes, lo demostró en la sesión parlamentaria del 7 de julio de 1910, cuando amenazó públicamente al conservador Antonio Maura señalado: … hemos llegado al extremo de considerar que antes que S.S. suba al Poder, debemos llegar hasta el atentado personal

Una amenaza que, curiosamente, se haría realidad tan solo quince días después, concretamente el 22 de julio siguiente, cuando Maura fue tiroteado, hiriéndole en las piernas y brazos, con ocasión de un viaje que el político realizaba junto a su familia a Barcelona.

Ese fue tan solo el principio de la oscura y criminal historia de este partido corrupto y miserable que sigue alcanzando límites históricos con su corruptela y su matonismo como señas propias de identidad.

En fechas pasadas la Asociación “Pie en pared” solicitó los permisos pertinentes para estrenar en el Congreso, sede como dicen de la soberanía nacional, del vídeo Lo que nos ocultaron que recoge, con exactitud y auténtico rigor histórico, la verdadera trayectoria y el devenir del PSOE: un partido corrupto y miserable que sólo ha traído desgracias a España. Como era de esperar, el vídeo no pudo presentarse al prohibirlo, expresamente, la Presidenta de las Cortes, fiel lacaya del socialismo gobernante.

Los sociatas son estos mismos que organizan actos y más actos, con el dinero de todos, a los que no asiste nadie, más allá de los que quieren salir en la foto para desvirtuar, de forma artera y maliciosa, el periodo de gobierno del General Franco y, sin embargo, en un alarde más de “sus principios democráticos” por los que se rigen los sociatas, evitan que alguien haga pública su siniestra historia.

Un vídeo para recordar “gestas” de tan dudoso honor como haber provocado la llamada “Semana Trágica” de Barcelona; ser cómplices, cuando no colaboradores, en los asesinatos de Canalejas y de Dato; estar detrás de las huelgas salvajes de 1917; secundar por su interés la dictadura del General Primo de Rivera; colaborar en el advenimiento, de forma irregular, de la II República; evitar en este luctuoso periodo que gobernasen las derechas, pese a haber ganado en las urnas; ser los artífices en 1934 de un golpe de Estado contra el régimen republicano que se llevó por delante muchas vidas; amañar y falsear, al más rancio estilo del vulgar pucherazo, las elecciones de febrero de 1936; comenzar la limpieza sistemática de todos aquellos que no comulgasen con sus ideas, hasta el punto de asesinar a Calvo Sotelo, el líder de la oposición, valiéndose de la Guardia Civil y del Cuerpo de Seguridad junto con los matones que le guardaban la espalda a Indalecio Prieto; provocar una guerra civil de tres años de duración en la que asesinaron sin piedad, incluso con la contienda ya perdida; y, finalmente, cuando vieron que las cosas se torcían, saquear el Banco de España y las arcas del Estado y escapar con el dinero de todos para vivir en el exilio como rajás. Esos son los sociatas y no lo digo yo, lo dice la historia.

Sin embargo, tenemos que soportar por doquier calles que llevan los nombres de tipejos tan deleznables como Pablo Iglesias; Indalecio Prieto; la Pasionaria o Largo Caballero que, para más inri, tiene hasta un monumento en Madrid pese a que en sus soflamas incitaba, descaradamente, a la guerra civil, caso de no ganar las elecciones de 1936 que, como queda dicho, finalmente amañaron de forma burda.

A cambio se han retirado, sin oposición alguna por parte de la derechona cobarde y acomodaticia, los nombres de grandes españoles que entregaron su vida por España o, simplemente, trabajaron por ella con ahínco para que todos viviésemos mejor.

Así han sido y así son los sociatas desde su fundación y ahora ese siniestro pacto por mantenerse en el machito con todo el lumpen nacional: catalufos golpistas y ladrones; filoterroristas que aplauden sin recato a los asesinos de cientos de buenos españoles; separatistas que sólo anhelan enriquecerse y devolvernos a los tiempos de las cavernas; comunistas de salón que viven en chalets con piscina o visten modelitos de última moda. Todo ese conjunto de miserables son los que gobiernan España y mantienen a ese sátrapa en la Moncloa.

La corrupción ha llegado a límites alarmantes y alucinantes: mordidas que se trasladan en bolsas de papel; fiestas con putas de alto standing que pagamos todos; control de las Instituciones, colocando amiguetes ignorantes que provocan apagones de horas; situaciones alarmantes como la de la T4, imagen de España para los extranjeros que nos visitan; la caótica situación de la red ferroviaria; la inacción en Valencia, tras la riada, al igual que en la Palma después del volcán; idas y venidas a la República Dominicana que, por cierto, no es uno de nuestros objetivos comerciales de primer orden; cátedras que ostentan personas que no están capacitadas ni tituladas para ello; músicos que no han compuesto una obra en su vida; enchufados que, por no tener, no tienen ni la decencia de ir un día a trabajar.

Este es el oscuro panorama en el que se desenvuelve España, tal vez en sus últimos estertores, gracias a los que han sido sus enemigos de siempre, un cáncer agresivo: los sociatas.

Y, mientras tanto, ¿qué? La derechona cobarde y acomodaticia, más preocupada por la perniciosa agenda 2030, esa que parieron los oligarcas mundiales entre los que se encuentra, cómo no, la masonería, en oscuros foros como Davos o tipos tan siniestros como Gate o Soros, algunos de los cuales ya vaticinan, como si fuesen el mismísimo Dios -que no lo son- una próxima “plandemia”. Creyendo, todavía en el turnismo y que con un partido como el sociata se puede jugar limpio, observando las reglas del juego democrático.

La inacción es total. Todos lo fiamos al valor de un puñado de Jueces que mantienen, a ultranza, los principios de la sagrada Justicia y a una Unidad de la Guardia Civil, la UCO, que cumple fielmente con su juramento. Y el resto ¿qué?, ¿ dónde están?

Que nadie argumente lo de la disciplina; que nadie argumente aquello de que hay que ser neutrales como un día, no hace mucho, le escuché decir a un cobarde. La Patria y el Honor no admiten neutralidades y están por encima de todo lo demás. Tal vez a muchos habrá que recordarles el juramento que un día hicieron.

Eugenio Fernández Barallobre (ÑTV España)

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 28/05/2025

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