Pedro Sánchez lo tiene claro. Sus enemigos no son Santiago Abascal, ni Núñez Feijó que le llaman corrupto y le preguntan en qué prostíbulos han vivido él y su familia.
Tampoco es su enemiga Mirian Nogueras, diputada independentista catalana que se las hace pasar canutas y le humilla en sus intervenciones parlamentarias ,y menos enemigos aún son Pablo Iglesias y su histérica mujer que vomitan odio contra todo lo que huele a decente.
Los enemigos del Presidente del gobierno están en su grupo parlamentario, le obedecen por sentido de la superviviencia y le aplauden como si fuesen los siervos de Kin Jong Un.
El espectáculo que los diputados del PSOE protagonizan en cada sesión parlamentaria cuando Sánchez dice una soplapollez y rompen en aplausos , es uno de los momentos más ridículos de cada sesión.
A Pedro Sánchez sus diputados les rien sus carcajadas por obligación y no hay huevos de que algún socialista no se ponga en pie y aplauda cuando el abusador se cree gracioso.
En ese clima de tensión incómoda – al menos para los diputados que conservan algo de dignidad- se pondera la importancia del sueldo y, los creyentes rezan en silencio para que el Psoe vuelva a ser algún dia un partido respetable en vez de una organización para la delincuencia bajo las órdenes de un abusador que persigue a los disidentes, incluso después de muertos.
Pedro Sánchez no necesita dar indicaciones a sus voceros que están cavando su propia tumba cada vez que ofenden a un difunto que no puede cagarse en sus muertos.
El Psoe es el único partido político que tiene secuestrados entre sus filas y el área de fanáticos crece.
Diego Armario