La Lotería de Navidad es, junto al turrón duro y los cuñados, uno de los grandes rituales patrios de diciembre. Cada día 22, medio país espera el sorteo como agua de mayo, convencido de que este año sí, que toca seguro, mientras los directores de banco afinan el olfato como si salieran de safari en busca del décimo premiado que acabarán ingresando, cómo no, en su oficina.
La ilusión es sencilla y profundamente humana, tapar agujeros vitales, respirar un poco más holgados y, durante unas horas, imaginar una vida sin sobresaltos. Todo ello a pesar de que la probabilidad de ganar el Gordo es de una entre cien mil. Pero ¿qué es la estadística frente a la esperanza?
El invento no es nuevo. Su origen se remonta a las Cortes de Cádiz, en 1812, cuando un avispado ministro de la Cámara de Indias tuvo la brillante idea de aumentar los ingresos del Estado “sin quebranto de los contribuyentes”. Traducción libre de pagar voluntariamente impuestos mientras se sueña con no hacerlo nunca más. El primer sorteo se celebró el 18 de diciembre de aquel año y se llamó “Lotería Moderna”, para distinguirla de la “Primitiva”, creada por el Marqués de Esquilache al servicio de Carlos III.
El nombre de “Sorteo de Navidad” llegó más tarde, en 1892, y desde entonces los niños de San Ildefonso se encargan de cantar los números con esa cantinela celestial que solo suena bien cuando el número es el tuyo. Primero en papeles, luego con bombos y bolas de madera, el ritual apenas ha cambiado… salvo en las cifras.
Hoy el Gordo reparte 4 millones por serie, 400.000 euros por décimo. Suficiente para cambiar una vida… o arruinarla si se administra mal, como ha ocurrido más veces de las que se cuentan entre villancicos. Curiosamente, el número más buscado es el 7, aunque el que más sale es el 5. Misterios de la fe numérica que la estadística certifica.
Eso sí, el ganador indiscutible es siempre el mismo: el Estado que ya está pensando en sacar más dinero de este popular sorteo, elevando en precio des décimo, este se queda cerca del 30% de los premios, actualmente unos 200 millones de euros. Pero ¡oye!, eso no se gana todos los días.
Así que solo queda desearlo: mucha suerte a todos para mañana. Y si no toca, al menos nos queda la ilusión… y el consuelo de haber contribuido al erario con una sonrisa.
Salva Cerezo

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Humanidad,

Última Actualización: 21/12/2025

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