Hay expresiones que parecen inventadas para describir la política. Y «meterse en un berenjenal» es, sin duda, una de ellas.
La berenjena, aparentemente inofensiva, esconde unas pequeñas espinas en su cáliz capaces de dejar buenos arañazos a quien se aventure a recogerla sin tomar precauciones. De ahí que acabar metido en un berenjenal signifique precisamente eso, entrar en un lío del que salir puede resultar bastante más complicado que entrar.
Y si de berenjenales hablamos, el verano nos ha dejado uno que ya parece plantación industrial: Ceuta.
Mientras los agentes destinados a proteger la frontera denuncian condiciones precarias, falta de medios y una situación que dista mucho de ser cómoda, quienes manejan los hilos políticos parecen disfrutar de otro tipo de berenjenal, uno con aire acondicionado, vacaciones pagadas y sillones mullidos.
Y mientras tanto, Marruecos continúa jugando su particular partida de ajedrez con Ceuta, moviendo las piezas con paciencia y dejando que otros hagan el trabajo sucio de discutir, enfrentarse y arañarse entre ellos.
Lo curioso es que, cuando un ciudadano se mete en un berenjenal, normalmente acaba con algún arañazo. En política, en cambio, los arañazos suelen llevárselos otros.
Quizá por eso nuestros gobernantes se meten con tanta facilidad en los berenjenales, porque conocen perfectamente el secreto de la berenjena.
Las espinas siempre las pisan los demás. En el caso de este gobierno, la culpa es de la ultraderecha, el PP y Ayuso.
Salva Cerezo

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Última Actualización: 20/08/2026

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