Dicen que en política no hay cadáveres, solo silencios incómodos. Y últimamente en las filas del partido que gobierna, más que aplausos, se oyen suspiros de resignación, miradas al suelo y, de vez en cuando, alguna que otra puñalada envuelta en papel celofán. La maquinaria se tambalea, y no por la presión de la oposición, sino por las fugas internas, que huelen más a naufragio que a renovación.

Pedro Sánchez, antaño el imbatible, el que resistía más que un chicle pegado bajo un pupitre, empieza a sonar a pasado, a pieza de museo, de esas que los guías señalan diciendo: «Y aquí tenemos al último ejemplar del socialismo narcisista ibérico, cuya especie se extinguió por combustión interna».

Los rumores vuelan como moscas en agosto: que si el partido ya lo da por amortizado, que si hay barones afinando la daga tras bambalinas, que si los fieles ahora dudan y los díscolos se agrupan como alimañas oliendo sangre. Todo muy shakesperiano, con tintes de tragicomedia patria.

Y en este panorama digno de una serie de Netflix de segunda temporada, algunos se preguntan:
¿Y si el PP lanza una moción de censura?

¡Ah, la moción! Ese viejo recurso que suele fracasar con más estilo que utilidad, pero que sirve de catarsis mediática y de ensayo general para futuros discursos. ¿Tiene opciones de prosperar? Pues como las promesas de campaña, remotas, pero no imposibles.

Pero cuidado, que esta vez el contexto es distinto. El gobierno no solo sufre el desgaste lógico del poder, sino que sufre el efecto termita, porque las grietas vienen desde dentro. Si el sanchismo era una religión, muchos están perdiendo la fe… y ya buscan nuevo templo.

Mientras tanto, Pedro parece jugar su última carta, quemar las naves. O lo que es lo mismo, inmolarse con gloria antes que retirarse con dignidad. Que no se diga que no lo intentó todo. Aunque ese “todo” incluya dinamitar lo que queda del partido y España al mismo tiempo, llevarse por delante a sus socios de conveniencia y dejar el Parlamento como un campo de batalla en ruinas.

Y mientras tanto, en Génova, los estrategas del PP hacen números, tantean traidores potenciales, y calibran si vale la pena disparar ahora o esperar que el castillo se derrumbe solo. Porque una moción fallida fortalece al débil, pero una moción en el momento justo podría ser el certificado de defunción del sanchismo… y quién sabe si del PSOE tal y como lo conocimos.

¿Se está gestando un nuevo partido? Algunos ya susurran nombres, plataformas, “movimientos ciudadanos”, líderes con sonrisa de marketing y discurso de coaching. Porque donde hay crisis, siempre hay oportunidad… y algún trepa con logo nuevo.

Así que atentos a las próximas semanas: puede que asistamos al final de un ciclo, a la implosión de un liderazgo basado más en la táctica que en la ética. Y si el barco se hunde, ya veremos quién salta primero: si los ratones, los marineros o el mismísimo capitán.

Total, en esta tragicomedia, lo único que no falta es el humo.
Y las cenizas ya están en preventa.

Salva Cerezo

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 16/06/2025

Etiquetado en:

,