No coló lo de la broma familiar «frapeando» sobre una supuesta militancia en una organización criminal y asesina.

Condenado además en costas, al demandante le costará salir a la calle con la cabeza alta después del patético revolcón que ha protagonizado para vergüenza de toda su familia. Los Iglesias, quienes presumen de afinidades con colectivos radicales, quedan retratados como lo que son: indeseables.

Poco me equivocaré que no tardarán en manifestarse de nuevo contra los jueces, tildándolos de fascistas por el varapalo propinado contra Javier Iglesias, ratificado elemento del FRAP, quien pretendió lavar en falso la dignidad personal con una denuncia por intromisión al honor.

Un error de bulto porque para defenderlo es obligado poseer un historial de vida del cuál presumir honestamente sin intentar dar el pego ante un juez.

La absolución de Cayetana Álvarez de Toledo a propósito de la querella interpuesta en el Juzgado de Zamora por el padre de Pablo Iglesias, ex miembro del FRAP, convierte al vástago en hijo de terrorista y ratifica ante la Justicia la condición en firme de hijo de terrorista de quien ocupase la Vicepresidencia del Gobierno gracias al traidor Pedro Sánchez.

El hijo, oficialmente declarado, de un terrorista, repitamos.  Es bueno que el tiempo ponga todo en su lugar y mejor si lo apuntala una Justicia sin toxicidades gregarias que sigue los dictados de La Moncloa. Ahora España y el resto del mundo saben del ponzoñoso origen familiar que mamó el parásito de la Complutense y el porqué de su permanente conspiración contra el Estado de Derecho.

La Justicia confirma con la absolución de la diputada del Partido Popular que el marqués de Vallecas es hijo de un terrorista todavía vivo, lo que explicaría la falta de escrúpulos, conciencia y moral que pudo ejecutar a nuestros padres y decenas de miles de personas bajo la psicopática premisa de «politizar el dolor» durante la plandemia.
También explicaría la asociación con la cajera de Galapagar, carente de humanidad y decencia, ambos capaces de cualquier aberración para encaramarse cual monos a la teta del Estado, permaneciendo todavía en primera línea para saquear las arcas públicas. De un hijo de terrorista no podía esperarse menos bajezas.
Quizá a fuer de repetirlo tomemos consciencia de la aberración porque no solo detentó un puesto de vital responsabilidad sumiendo a España en un riesgo contra el Estado de Derecho , sino que también aspiró a filtrarse en el CNI como enemigo declarado del Estado español,  tal cuál lo fue su padre en el pasado como él mismo, ejerciendo despues de agente bolivariano al servicio de intereses contra la democracia; como se está constatando con este desgobierno criminal a sueldo del sectarismo golpista, donde el aparente desaparecido de la primera línea política sigue moviendo hilos, no obstante la compra de voluntades de la izquierda-según la embajada de Venezuela-mediante el asunto Delcygate, hipotecó al fullero monclovita.
Un hijo de terrorista da mucho de sí para el análisis histórico que lo relacionará a sueldo de narcodictaduras mediante financiación irregular y demostrará que, junto a un grupúsculo de desharrapados de la Complutense, orquestó cuantos agit prop golpearon la democracia- aprovechando rastreramente la matanza del 11-M- que asaltaron las sedes del PP para facilitar a Zapatero La Moncloa,  tomando el relevo desde el propio Gobierno el golpista Pedro Sánchez asesorado por canallas sin escrúpulos, conocedores de las técnicas estalinistas de manipulación social y política que antes probaron en Venezuela.
La victoria judicial de Cayetana Álvarez de Toledo califica a toda una familia y desenmascara el subterfugio de la apariencia para mostrar la bajeza personal de un busca vidas sin escrúpulos que mamó de la teta del extremismo, simpatizando con criminales.
De tal palo, tal astilla, la Justicia ha designado una etiqueta acorde al personaje. Es lo que sucede cuando se va dejando un pestilente rastro de miseria personal: que se califican las miserables obras de quienes no pueden ocultar un pasado intentando engañar a la Justicia.
Y todavía les queda el juicio divino ante el ojo que todo lo ve. Familia de malvados y pringados.
Ignacio Fernández Candela (ÑTV España)