España despierta cada mañana con la misma liturgia: café cargado, titulares aún más cargados… y la sensación de que el gobierno ha abierto una pescadería política donde el género está pasado, pero el precio sigue subiendo.
El PSOE, autoproclamado el partido más feminista de la historia, atraviesa una curiosa metamorfosis, erigido en paladín de la igualdad a coleccionista de señalados. Los llamados “hombres del presidente” parecen haber entendido el feminismo como un concepto decorativo, algo así como el perejil del plato que está ahí para adornar, pero no conviene mirarlo de cerca.
Cada semana aparece un nuevo nombre, un nuevo expediente, una nueva comparecencia forzada. Y mientras tanto, las mujeres fuertes del partido observan la escena con ese silencio tan elocuente que ya empieza a cotizar en bolsa. ¿Sororidad selectiva? ¿Feminismo de ejecutiva, con agenda pero sin megáfono? Preguntas incómodas que, curiosamente, nadie enciende.
El esperpento alcanza cotas notables cuando en Extremadura se presenta como candidato alguien procesado por el Supremo, demostrando que la regeneración democrática consiste, al parecer, en regenerar caras conocidas aunque estén judicialmente desgastadas. Reciclaje político de verde, sostenible y muy resiliente… al Código Penal.
Pero no se preocupen, ciudadanos, que mientras la casa arde, el Gobierno hace lo importante que consiste en blindar el IVA alto en la cesta básica. Carnes, pescados, leche, huevos… nada de frivolidades. La Mesa del Congreso, con la delicadeza de quien corta el bacalao, decide que bajar impuestos es una amenaza intolerable para el bienestar común. Especialmente para el bienestar del
Estado, que necesita cada euro para seguir demostrando que la economía “va como un tiro”… aunque el blanco sea siempre el bolsillo del contribuyente.
Eso sí, la deuda pública bate récords históricos, los impuestos aprietan como nunca y el sistema productivo está congelado, pero tranquilos que el relato está perfectamente descongelado y listo para consumo. Se nos vende optimismo en bandejas de plástico mientras el ticket de la compra parece una hipoteca a corto plazo.
Así que aquí estamos:
– Crisis interna en el partido.
– Feminismo en modo silencio administrativo.
– Señalados que se multiplican como las ofertas que nunca llegan.
– Y ciudadanos pagando más por comer mientras les dicen que viven mejor.
España no va mal. España va cara.
Cara de mantener, cara de explicarle, y cada vez más cara de aguantar.
Bienvenidos a Pescadería La Moncloa:
Hoy no hay rebajas, mañana tampoco…
y el género, como siempre, lo paga el cliente.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 10/12/2025

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