Quizás porque para ser de izquierdas hay que tener una biografía plagada de mediocridad, envidias, rencores y resentimientos hacia los que con su esfuerzo, inteligencia y dedicación hayan conseguido éxito y reconocimiento público.
Esta reflexión inicial viene a cuento de la pléyade de cargos socialistas que han falsificado su curriculum vitae con estudios que nunca realizaron o con una argucia semántica al decir” estudios en …” que realmente quiere significar que se matriculó en un grado, pero que nunca pasó de los primeros cursos con gran esfuerzo.
Realmente su descripción curricular más exacta debería ser intenté estudiar .. , pero no tuve la constancia, inteligencia ni capacidad para terminar dichos estudios. Pero esta sinceridad demostraría que se trata de personas con poca voluntad de trabajo, mucha pereza y ganas de conseguir por la puerta de atrás lo que a los demás les cuesta tiempo, esfuerzo y dedicación.
En el fondo estos políticos de izquierdas son envidiosos de ministros como Fuentes Quintana, López Rodó, Fraga Iribarne, López Bravo, Fernández de la Mora o Utrera Molina. Todos ellos brillantes profesionales en diferentes ámbitos de la sociedad, la filosofía y la gestión pública, y por eso fueron ministros.
Imaginen que el Plan de Estabilización de 1.959 que dio lugar al “milagro español” en lugar de ser capitaneado por Juan Sardá y Enrique Fuentes Quintana, hubiese tenido como responsables al bachiller Puigdemont, al brillante economista Pedro Sánchez o a cualquiera de los que engordaron sus conocimientos con másteres falsos, titulaciones que nunca terminaron o tesis doctorales plagiadas. Entonces el milagro español nunca se habría producido, porque de la mediocridad y de la mentira solo puede nacer el fracaso y la manipulación.
Otra característica para ser promovido en la escuela de farsantes y vividores, que es la izquierda española, es tener cosas que ocultar, bien sean vicios inconfesables, pasados tormentosos, desfalcos o crímenes de todo pelaje. Ese es el perfecto hombre o mujer de izquierdas: mediocre, rencoroso, con muchas cosas que ocultar y sin escrúpulos a la hora de adjudicar obras públicas, colocar a familiares y obedecer al jefe supremo, que además sabe todo lo nuestro.
Ahora lo podemos entender todo mucho mejor. No se puede juzgar a los políticos de izquierdas como si fueran ministros franquistas, ya que aquellos eran los número uno de su promoción, y estos son los número uno en ocultar la verdad, manipular, extorsionar, grabar todas las conversaciones por si acaso, y pactar con la fiscalía el menor tiempo posible en la cárcel a cambio de la delación y el apuñalamiento por la espalda de aquellos frente a los que estuvieron genuflexos durante toda su vida política.
Parafraseando a la genial Ayn Rand, podemos terminar diciendo que cuando observes que la corrupción es recompensada con cargos, riqueza y honores mientras que la honestidad se vuelve un sacrificio y es objeto de burla, sabrás entonces que la sociedad española está condenada a desaparecer, salvo que unos pocos nos empeñemos en lo contrario.
Salvador Ruso Pacheco (ÑTV España)