En una esquina del mapa, Pedro Sánchez descansa en La Mareta, una residencia oficial acondicionada con dinero público y gusto privado. La piscina ha sido puesta a punto por 14.999,99 euros. Es decir, un céntimo menos del límite legal para poder adjudicar a dedo. Uno podría pensar que hasta en las vacaciones del presidente hay espacio para la ética pública. Pero no. Hay, como mucho, espacio para el cloro. Y las visitas de José Luis Rodríguez Zapatero.

El expresidente parece estar más activo políticamente que nunca. No sabemos si Sánchez es de los que hacen lista de propósitos en diciembre o en agosto, pero lo cierto es que se pasa los días escribiendo estrategias y relatos de cara a septiembre y la tinta, parece, la pone ZP. Ambos se reunirán varias veces durante este mes en Lanzarote.

Defensor del régimen de Maduro y amigo de resolver los problemas con una sonrisa y un vuelo a Caracas. También, por lo que parece, el interlocutor favorito de Puigdemont, prófugo y pieza clave en la legislatura de Pedro Sánchez.

Si hay que ir a Suiza, se va. Si hay que blanquear a un dictador, se hace. Si hay que mediar con Huawei para que no la veten, se media. Todo sea por el entendimiento… o por el 5G. La misma Huawei que fichó a sus hijas mientras él se multiplicaba como lobbista, no sólo en Caracas o Pekín, sino también en las mesas de negociación de Moncloa.

Y en este escenario veraniego, donde la arena de Famara se mezcla con el polvo de la política, se juega la estabilidad de una legislatura que se tambalea. No habrá adelanto electoral, dicen desde Moncloa. Sánchez quiere agotar hasta el último minuto de su mandato. Lo hará con el respaldo de sus socios y de la mano, nada desinteresada, de su mentor. De hecho, no se descarta una remodelación del Gobierno tras el verano.

Oficialmente no está sobre la mesa. Extraoficialmente, se estarían escribiendo los nombres con lápiz. Y ahí está también él. En la sombra, pero cada vez más en primer plano. Dicen que cuando Zapatero subía, cuando se le volvían a abrir las puertas de Moncloa, era Ábalos quien caía. Que fue él quien le susurró a Sánchez que había que echar a su entonces hombre fuerte. Defendió a Maduro.

Elogió a Otegi. Fue el arquitecto de la legalización de Bildu. Y aún hay quien se pregunta por qué provoca la arcada hasta la náusea en amplios sectores. Todo, o casi todo, empezó con Zapatero. El mal hablando como si fuera el bien.

Aquel 11M utilizado como trampolín. Aquella frase: “Nos conviene que haya tensión”. Y vaya si la hay. Tensión hasta en Bruselas, donde miran con extrañeza que España entregue su infraestructura tecnológica a una empresa china señalada por espionaje.

Puede que este mes de agosto no sirva para desconectar. Pero servirá para lo de siempre: para que Sánchez diga que todo va bien mientras se resuelve cómo contentar a Puigdemont. La estrategia del desaparecer en los malos momentos para aparecer a los días como si nada y vender como logros cuestiones ajenas, como el turismo. La gallina de los huevos de oro que también se está cargando.

Ya veremos en septiembre si el baño en La Mareta purifica… o sólo enmascara. Nada resulta más ilógico que un expresidente que viaja por el mundo para defender dictadores mientras dice defender la democracia.

Pero vivimos días sorprendentes en los que los que respaldaron a terroristas, se presentan como garantes de la convivencia; los que perdieron el poder, se dedican a ejercerlo sin que nadie les haya votado. Zapatero no manda, no representa ni tiene despacho oficial pero influye, decide y actúa como si La Mareta fuese una delegación de Naciones Unidas para dictadores en apuros.

tiempo que Zapatero se convirtió en un susurro permanente en el oído presidencial. La magia de gobernar sin que nadie pueda echarte.

Alba Vila (La Gaceta)

Categorizado en:

Política,

Última Actualización: 03/08/2025

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