Hay quienes esperan la Navidad para recibir perfumes, relojes o una buena cena familiar. Y luego está el Gobierno de Pedro Sánchez, que este año ha decidido innovar y ofrecernos un regalo aromático digno de museo: un “eau de Moncloa” con notas persistentes de Venezuela importada, corrupción vintage y un toque final de pederastia institucionalizada.
Vamos, la fragancia oficial del sanchismo, que apesta tanto que ni con lejía perfumada se va.
Porque ya lo decía el refrán español, ese que mi abuela soltaba mientras pasaba la escoba:
“La mierda, cuando más se remueve, más huele”.
Y oye, parece que Sánchez ha decidido sustituir el árbol de Navidad por un vertedero tóxico que cuanto más lo tocas, más se levanta el perfume.
Y aquí estamos, disfrutando del espectáculo mientras los casos se multiplican como polvorones en una mesa camilla:
Servinabar, SEPI, Air Europa, Plus Ultra, Y ahora la misteriosa “pieza secreta” de la operación Leire Díez, que ya huele más que el marisco a 40º.
La UCO entra y sale de empresas a un ritmo que ni los Reyes Magos repartiendo regalos. Pero claro, los regalos no son para nosotros, son para ellos, porque en este cuento de Navidad, los villancicos se cantan con billetes de 500 €.
La guinda del roscón la ha puesto la detención de Antxon Alonso, íntimo de Santos Cerdán, que ya tiene tantos amigos imputados que podría organizar un escape room en Soto del Real.
A este se suman Leire Díez y Vicente Fernández, que no es precisamente un villancico, pero sí una pieza “de caza mayor”. Y es que cuando aparece su nombre, la flecha apunta a Moncloa con la precisión de un francotirador.
Pero no nos quedemos ahí, la pieza que realmente hace música es la de María Jesús Montero, que colocó a Fernández al mando de la SEPI como quien pone a un pirómano a vigilar una fábrica de fuegos artificiales.
¿Y qué pasó?
Pues rescates de aerolíneas venezolanas, millones volando de un lado a otro, y un tufillo tan espeso que a ratos parece que Caracas está en el barrio de Salamanca.
Mientras tanto, el PSOE afila su cataclismo electoral. Y no será pequeño, si la tendencia sigue así, en Extremadura, Aragón, Andalucía y Castilla y León no van a quedar ni las siglas.
Ni Sánchez podrá salvarlos, aunque a estas alturas solo faltaría que lo intentara con hologramas o con un cameo en La Casa de Papel.
Porque lo peor no es lo que sabemos.
Lo peor es lo que todavía no sabemos.
Si lo conocido ya huele a estiércol político, imagina cuando se abra toda la cloaca: va a hacer falta una depuradora industrial para sacar brillo.
Así que, Sr. Sánchez, ya que estamos en época de buenos deseos y propósitos… hágase un favor, y sobre todo háganoslo a nosotros:
¡Váyase de una puñetera vez!
Nos ahorrará ambientadores y, quién sabe, quizá hasta recuperemos el olfato político… ese que España perdió hace ya demasiadas legislaturas.
Salva Cerezo