Galicia ha sentenciado al sanchismo. El desastre ha sido descomunal. Ni los más pesimistas de Ferraz preveían un escenario tan adverso.

Pedro Sánchez puede seguir hinchando el mentón cuanto quiera y viendo la viga en el ojo ajeno, pero su ridículo personal en las elecciones gallegas es insuperable. Los análisis posteriores lo determinarán sin ninguna duda, aunque todo hace indicar que el PSOE ha expulsado votantes hacia el BNG y el PP. La tormenta perfecta ha conseguido dejar al socialismo en el hueso del jamón.

Era una muerte anunciada por los tratos oscuros en los que se ha metido Sánchez, por su inmoral concepción del poder, con independentistas y ultras de todo pelaje ideológico, esclavizando y diluyendo la identidad de sus siglas.

Los dobermán de SánchezFélix BolañosÓscar Puente y María Jesús Montero, pueden, si quieren, seguir esparciendo la idea de echar toda la culpa del desastre al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, por su actuación sobre el asesinato por parte del narco de dos guardias civiles en aguas de Barbate. Con todo, saben que cuando tan luctuosos hechos ocurrieron, su partido ya estaba en caída libre en los sondeos que manejaban en La Moncloa y Ferraz sobre los comicios gallegos.

En fin, cualquier especie sirve para tratar de exonerar al jefe. Pero la realidad es tozuda.

Sánchez ha sacrificado su partido con tal de buscar la pérdida de la mayoría absoluta del PP, apostando sin disimulo por el crecimiento del BNG. Esa campaña a la contra de los de Génova para frenar a Alberto Núñez Feijóo, no le ha funcionado.

Al revés, como suele decirse, el tiro le ha salido por la culata. Los gallegos le han propinado un enorme correctivo a Pedro Sánchez. Diría que lo han dejado KO.

A. M. Beaumont (esdiario)