Apasionante el duelo que estamos presenciando. La serie de los WhatsApps de Sánchez a Ábalos revela el tono matonil y faltón del presidente. Califica de “pájara” a su ministra Margarita Robles, de “maltratador” y “torpe” a su entonces vicepresidente, Pablo Iglesias; y de su contrincante en las primarias, Susana Díaz, dice que está jodida. Marlaska, inquieto. Porque si sale una mala palabra sobre él, es posible que no se coma el sapo como Margarita. Papelón.
Pero los WhatsApps también apuntan a una posible responsabilidad de Sánchez en el rescate de Air Europa, la compañía que patrocinaba a su mujer… Muy feo. Y ya sabemos que el rescate se hizo con el criterio contrario de la SEPI que no entendía por qué rescatar a una compañía que acababa de repartir un dividendo millonario.
El Mundo publica este jueves el mensaje de Abalos a la reticente Calviño: “Higaldo se corta las venas; ya no puede burlar a los acreedores”. Y el juez Peinado observa indicios de criminalidad y va a investigar. A muchos se les empieza a helar la sonrisa. “Le han pillado con el carrito del helado”, dicen desde el PP.
Pero es que además, la estrategia del gobierno ha sido muy errática. Argumentan que es gravísimo violar la intimidad del presidente al tiempo que afirman que son conversaciones irrelevantes. Incluso hay quien es capaz de sostener que son comentarios hasta versallescos, que su entorno habla de manera más desenfadada.
Sánchez no entra en lo que considera “casquería”, pero insiste en calificarlo de “delito”. Y aquí es dónde le da cierta munición a Ábalos para defenderse de su causa al abrir la puerta a plantear que en su caso, las filtraciones podrían suponer una vulneración de la tutela judiiall efectiva.
A más a más, Ábalos afirma que no impidió dichas filtraciones, pinchando la estrategia gubernamental de denunciar la filtración y eludiendo al tiempo la responsabilidad: no impedir no es promover. ¡Qué fino!
El gobierno responde filtrando las andanzas de su ex número dos en el parador de Sigüenza: se alojó sin registrarse, había restos de coca por todos lados; “esto era un puticlub que pagábamos todos”, reconoce un empleado a The Objective. Todo bello e instructivo…
La guerra está desatada. Y es civil. Cuerpo a tierra que vienen los nuestros. Ábalos apoyó el decreto anti aranceles, pero tiene mucho material; tiene la caja negra. Y tiene claro que no se va a comer el marrón solo. Y ya no se fía. “No tengo a naaaadie”.
Sánchez tiene un problema que se llama Ábalos mientras que Ábalos ya no tiene nada que perder. Su carrera política está muerta y su prestigio es difícil que se hunda más. ¿Quién frenará esta carrera de WhatsApps comprometedores?
Luis Losada Pescador (Actuall.com)
