Ayer dije solemnemente que me iba a tomar unos días de descanso, pero, como buen alumno del estilo “Sanchista de coherencia líquida”, me veo obligado a romper mi palabra. Porque cuando la actualidad se viste de esperpento, uno no puede callar… y mucho menos cuando hay nombres propios en el reparto.
Primero, nuestro ministro Marlaska, que ha sido denunciado por la asociación de la Guardia Civil por presunta dejación de funciones en Torre Pacheco. Al parecer, prefirió el aroma de la grada y la emoción deportiva de la final de Wimblendon antes que el tufillo a responsabilidad ministerial. Nada que no se arregle con un “yo no estaba allí” o un “es que era un evento importante”.
Mientras tanto, otro tren entre Madrid y Cádiz decidió declararse en huelga de movimiento durante más de 4 horas a la altura de la provincia de Córdoba, en plena ola de calor.
El ministro Puente, fiel a su tradición, volvió a hacer acto de presencia… en su cuenta de Twitter, lanzando algún texto sin relación directa con su cartera. Y es que la movilidad, al parecer, está sobrevalorada: si el tren no se mueve, el ministro tampoco.
Y para rematar, la joya de la corona, La Mareta. Consultada la inteligencia artificial, esa que no se cansa, no suda y no cobra dietas, la respuesta es clara: no es legal que el presidente utilice este bien patrimonial del Estado como si fuera su chalet particular de vacaciones.
Pero claro, en la versión ejecutiva del Monopoly de Sánchez, las casillas de “propiedad del Estado” vienen con comodín de uso personal y catering incluido.
Y ahora sí… cierro el chiringuito, bajo la persiana y me voy de vacaciones de verdad. Porque a diferencia de ellos, yo sí me las pago de mi bolsillo.
Salva Cerezo

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Última Actualización: 11/08/2025

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