Hay refranes que envejecen mejor que muchos políticos. Uno de ellos dice: «Que cada palo aguante su vela». Y precisamente eso es lo que parece estar ocurriendo este verano, que ha comenzado tan caliente en los termómetros como en los juzgados.
Mientras media España busca una sombra donde refugiarse, el juez Peinado ha decidido añadir unos cuantos grados más al ambiente político al sentar en el banquillo a Begoña Gómez y a su secretaria Cristina Álvarez, acompañando la decisión con medidas cautelares y retirada de pasaporte. Un auténtico anticiclón judicial que ha provocado una tormenta de declaraciones de intensidad variable.
La reacción no se hizo esperar. Como si hubieran activado una alarma de incendios en la sede socialista, apareció una legión de portavoces, tertulianos, ministros, aliados parlamentarios y defensores de guardia lanzándose contra el magistrado con una sintonia digna de una competición olímpica de natación sincronizada.
Rufián, Óscar López, Puente, Bolaños, Aizpurua, Diana Morant y compañía han salido a explicar que todo es una persecución intolerable, un ataque a la democracia, una conspiración cósmica o una alineación planetaria, según el día y la cadena de televisión.
Resulta curioso observar cómo algunos de los que hoy denuncian la judicialización de la política fueron ayer firmes defensores de la presunción de culpabilidad cuando el investigado pertenecía al equipo contrario. La vara de medir no es que sea distinta; es que parece fabricada por dos carpinteros diferentes.
Y cuando parecía que ya habían hablado todos los integrantes de la orquesta, apareció el líder de UGT para interpretar su solo de violín a favor de Zapatero y la presunción de inocencia. Nada sorprendente en alguien cuya organización recibe generosas subvenciones procedentes de los bolsillos de los contribuyentes. Al fin y al cabo, no hay melodía más afinada que la que se interpreta con el estómago lleno.
Lo más llamativo es que muchos de estos defensores de la flexibilidad jurídica serían los primeros en exigir mano dura contra cualquier ciudadano que olvidara declarar cien euros a Hacienda. Para el contribuyente corriente no suele haber comprensión, contexto ni persecución política que valga.
Hacienda somos todos… aunque algunos parezcan ser más todos que otros.
Mientras tanto, los españoles contemplan el espectáculo desde la grada. Los unos convencidos de que asistimos al derrumbe definitivo del sanchismo. Los otros persuadidos de que se trata de una conspiración universal dirigida desde algún oscuro sótano. Y la mayoría simplemente intentando llegar a fin de mes sin sufrir un golpe de calor.
Así que, queridos lectores, llega el verano. Disfruten de la playa, de la piscina, de las terrazas y de las vacaciones si tienen la suerte de disfrutarlas. Porque los políticos no descansan, los jueces tampoco, y las noticias prometen seguir sirviendo temperaturas extremas durante los próximos meses.
Y recuerden el viejo refrán: «que cada palo aguante su vela». Sobre todo cuando la tormenta empieza a acercarse al propio barco.
Salva Cerezo

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Política,

Última Actualización: 22/06/2026

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