Lo siguiente es ilustrativo de lo que pasa en España y, que conste, por culpa sólo nuestra; no busquemos chivos expiatorios fuera de nosotros. Me llega de alguien que me lo cuenta en primera persona porque el protagonista fue él y además hace tan sólo unos días.
“Vengo ahora mismo que me hierve la sangre. Resulta que me acerco a Torre Pacheco. A una casa que se la tengo alquilada a una individua marroquí que lleva un año sin pagarme el alquiler.
Y a punto de llegar los del juzgado de desahucio, no se le ocurre otra cosa que dar las llaves de la casa a su hermano. Y ahí se ha metido junto con otros. Y voy por allí, y nadie me abrió la puerta. Me acerqué a la Guardia Civil y me dijeron que tenía que ir al juzgado a poner una denuncia. En la policía local no quisieron saber nada, por lo que me acerqué por allí. Aporreo la puerta. Me sale hablando en su idioma el hermano citado y me dice que no quería saber nada.
Le digo que la casa es mía, que se tienen que ir de allí. Llama por teléfono. Vienen tres o cuatro colegas suyos. (No cuento cómo estaba la casa por dentro, llena de colchones, por todos los lados, etcétera, tienen montado allí un piso-patera).
En un descuido, porque yo decía que yo no me iba de allí hasta que no viniera el responsable de aquel desaguisado y mientras llamaba a la Guardia Civil y a la policía local diciendo lo que estaba pasando, me han cogido entre cinco moros y me han echado en la calle a leches, pero así, literalmente a leches, y ya en el suelo me han dado dos patas. Cuando terminan, aparece la policía local, porque la Guardia Civil ni se presentó.
Le cuento lo que ha pasado. Le piden el carnet de identidad a uno, al que les digo que me ha apaleado, y nada. Y ahí se queda la cosa. Y el policía se disculpa conmigo diciendo que ellos no pueden hacer nada, que debo ir al juzgado.
Me he ido al cuartel de la Guardia Civil a poner la pertinente denuncia y me dicen que si no llevo un parte de lesiones que no pueden cursarla. Les digo que no tengo lesiones como tales, pero que me han pegado empujones, me han tirado al suelo en la calle y me han dado varias patadas. Pues nada, que con eso no la cursan si no llevo un parte médico.
Si allí me pegan dos puñaladas y me dejan en el sitio no se entera nadie; además, la Guardia Civil me dijo que tenían mucho trabajo y que estaban muy ocupados, que no habían podido mandar una patrulla. Eso es todo”.
Primero. ¿Pero todavía los españoles le alquilamos pisos a esta gente? ¿Todavía queremos negociar con ellos? ¿Pensamos que van a cumplir con algo? Pues ajo y agua.
Segundo. Nos pierde la codicia. Somos capaces de vendernos por una miseria, por alquilar el piso, porque nos den 600 o 700 euros (en Torre Pacheco no más). Así pasan todavía estas cosas. Bien merecido lo tenemos.
Tercero. ¿Todavía los españoles acudimos a la Guardia Civil o a la policía local o a las policías regionales, esas autonómicas, sean las que sean, pensando que nos van a amparar? ¿Todavía a estas alturas andamos con que si la Guardia Civil, la UCO –que lleva dos años en realidad mareando la perdiz sumándose a una estrategia de desgaste pepera, y ya me entienden–, y no sé qué más? La Guardia Civil está tan destruida como España, como los políticos, como todas las instituciones. ¿Y las policías locales? ¿Pero en qué mundo vivimos?
Cuarto. ¿Vas a decirle al que te está ocupando la casa que es tuya? Pero si lo sabe de sobra. Pero si sabe perfectamente que te la ha quitado, te la ha robado; la “okupación” es el robo de una propiedad privada que, claro, no tiene ruedas, no se la puede llevar a otro sitio o metérsela en el bolsillo, pero que te impide que la utilices, te ha privado de ella, luego es un robo. ¿Y vas a llamar a la puerta y le dices que esa casa es tuya? ¿Pero dónde estamos? ¿Pero qué nos pasa?
Quinto. ¿Y vas allí a qué? Pues a llevarte lo que te dieron; entre otras cosas porque ellos, al contrario que nosotros, saben muy bien lo que de verdad son la Guardia Civil y la policía local. Porque además no es la primera vez que hacen lo que hacen, sino que lo habrán hecho veinte veces desde que llegaron aquí, no en patera, no, en un buque de la Armada española que es quien los trae; y luego la Cruz Roja les dio de comer, de beber, un bono-bus y dinero, y la Policía una orden de expulsión con la que se limpiaron el…
Sexto. ¿Y te vas a meter en un desahucio? Pue verás: paga un abogado, un procurador, dos o tres años de pleito, y mientras sigue pagando el IBI, la basura, la luz, el agua y el gas, para que luego muy posiblemente no haya desahucio porque se declaren “vulnerables” o empleen cualquier otro truco, como el de salir unos y meterse otros, con lo que deberás volver a empezar. Y si consigues que los desahucien, prepárate para realizar una obra integral en la vivienda y luego… ¿otra vez?
¿Y todo por qué? Porque España es para ellos tierra de conquista, y además fácil. Igual que lo fue en el 711 cuando, también por la traición de los dirigentes y la estulticia de los españoles de entonces, los mismos que hoy nos invaden lograron llegar hasta Covadonga sin oposición alguna, sino todo lo contrario, debido a la misma actitud que el protagonista de este incidente.
Porque el español de hoy día es un cobarde incapaz incluso de defender, a toda costa y por los medios que sea, lo propio, ni siquiera a sí mismo ni a los suyos.
Hasta a eso hemos renunciado, muestra palpable de nuestra decadencia y degeneración galopante. Cuando una civilización, una sociedad, una nación, un pueblo renuncia a defender lo suyo como haya que defenderlo, sean cuales sean los medios, está ya perdido, no tiene remisión, pero es que tampoco la merece.
Francisco Bendala Ayuso (ÑTV España)