España vuelve a iluminar el camino. Literalmente. A partir del 1 de enero de 2026, todos los conductores españoles deberán llevar obligatoriamente la famosa baliza V-16 homologada por la DGT. No es una recomendación, no es una mejora voluntaria de seguridad, es un Real Decreto. Y ya se sabe, cuando algo es “por tu seguridad”, conviene agarrarse la cartera.
Porque hagamos números, que es un ejercicio muy saludable.
En España circulan unos 30 millones de vehículos. Cada uno tendrá que comprar su baliza “oficial”, convenientemente homologada, conectada y bendecida por la administración. Resultado: un negocio cercano a los 1.500 millones de euros. De ellos, unos 350 millones irán directos a las arcas del Estado en forma de impuestos. Casualidades de la vida.
Todo ello, además, con una peculiaridad muy española, solo obligatoria para los españoles. El conductor francés, alemán o portugués podrá circular tranquilamente por nuestras carreteras sin su V-16, sin multa y sin problema alguno. Pero tú, contribuyente nacional, como te falte la lucecita… sanción al canto. Igualdad ante la ley, pero con matrícula extranjera.
Y aquí surge otra pequeña duda sin importancia, de esas que no salen en las notas de prensa:
¿qué pasa con las balizas V-16 que Correos vendió desde 2021 con toda la solemnidad institucional del mundo? Aquellas que muchos compramos obedientes, pensando que hacíamos lo correcto, lo responsable y lo legal. ¿Ahora resulta que ya no valen? ¿Quién nos devuelve ese dinero? ¿Correos? ¿La DGT? ¿El hada de la homologación?
Silencio administrativo. Ese sí que está perfectamente homologado.
La explicación oficial, cómo no, es la seguridad vial. Siempre la seguridad. Aunque durante décadas hemos sobrevivido con triángulos, chalecos y sentido común. Ahora el peligro parece ser no llevar una baliza conectada al gran ojo digital. Porque no basta con que alumbres: hay que emitir, registrar, geolocalizar y notificar. Seguridad… y control, que nunca vienen solos.
Eso sí, nadie duda de que habrá innovación, empresas amigas, concursos públicos impecables y un mercado “libre” donde todos los fabricantes compiten… siempre que fabriquen exactamente lo que el decreto dice. Libertad regulada, que es la más rentable. Más amiguetes a los que favorecer
En resumen:
una obligación solo para españoles,
un producto que caduca por decreto,
un negocio millonario,
y miles de conductores preguntándose por qué siempre toca pasar por caja… otra vez, en plena crisis.
La baliza V-16 no es solo una luz de emergencia.
Es un faro que ilumina algo muy nuestro,
cuando el Estado se queda a oscuras, siempre encuentra la manera de encenderte la factura.
Salva Cerezo